Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cae la tarde…
Mejor dicho,
se recuesta la tarde,
como de vino,
ahíta de claridades
y menta de eucaliptos.
Se deshila granate
y dorado su abrigo,
ataviando el follaje
plañidero de trinos,
porque a tu desaire,
¡lo maté de olvido!
Ahora, en mis lares,
(desde mi delito)
caen así las tardes.
Yacen, cual castigo,
adrede sangrantes
a los ojos míos.
Mas no voy a darme
culposo martirio
ni a ser pusilánime.
Tampoco, cetrino,
en mi espíritu arde
funerario cirio:
Vives...y lo sabes.
...
Mejor dicho,
se recuesta la tarde,
como de vino,
ahíta de claridades
y menta de eucaliptos.
Se deshila granate
y dorado su abrigo,
ataviando el follaje
plañidero de trinos,
porque a tu desaire,
¡lo maté de olvido!
Ahora, en mis lares,
(desde mi delito)
caen así las tardes.
Yacen, cual castigo,
adrede sangrantes
a los ojos míos.
Mas no voy a darme
culposo martirio
ni a ser pusilánime.
Tampoco, cetrino,
en mi espíritu arde
funerario cirio:
Vives...y lo sabes.
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