geraldine_luna
Poeta recién llegado
Voy a quedarme sentada
esperando que el rocío bañe mi cara,
y oculte las sombras que un día le tiñeron
y entonces podré disimular el llanto que
escurre por mis labios hasta ahogar a las palabras
que podrían explicar al dolor...
...Pero si no se entiende lo que callo,
menos se entenderá alguna razón...
Es aquella espina de una rosa cortada
por unas manos que alguna vez fueron mías,
la que hoy me clava el pecho,
y me desangra la ilusión...
No es que yo deseé el suelo,
es él quién me acoge de prisa...
Y el suspiro que se vuelve brisa,
desintegra al intento de un palpitar sin corazón...
Es el retrato que enarbola el firmamento,
es el rostro de una amigo de mis sueños,
no es la risa la que colma a mis lamentos,
es la paradoja de una noche de tormento...
Voy a ocultarme entre los árboles,
para que no encuentre a
mi ser el malévolo cuervo,
y así,
sólo así,
podré oír nítidamente
el hermoso sonido creado
por el cugir del suelo que está manteniendo mi
pesado cuerpo,
cansado ya de sostener en la curva espalda
aquellos intentos que han quedado muertos...
Y el alma reposa aferrada a un pañuelo
de burlescas iniciales bordadas en tinta
del irónico destino.
Ya la tela está manchada de sangre y de vino,
están selladas en su canto las lágrimas que contengo,
y confiados están,
sobre él,
sobre su delicado existir,
cómo cuándo alguna vez
te obsequié mi vivir,
mis más grandes secretos
de dama de los tiempos añejados...
Cuán duro resulta ser la muerte
de la porpia esperanza...
vivir enganchada a la triste desilución...
Ser un alma aferrada al recuerdo,
cómo hoja al viento...
Ya no flotaré...
Marchita estoy,
y entonces ocultaré mi lamento,
en el silencio de algún rincón,
oscuro y tormentoso,
cómo los ojos de
el miedo burlón.
esperando que el rocío bañe mi cara,
y oculte las sombras que un día le tiñeron
y entonces podré disimular el llanto que
escurre por mis labios hasta ahogar a las palabras
que podrían explicar al dolor...
...Pero si no se entiende lo que callo,
menos se entenderá alguna razón...
Es aquella espina de una rosa cortada
por unas manos que alguna vez fueron mías,
la que hoy me clava el pecho,
y me desangra la ilusión...
No es que yo deseé el suelo,
es él quién me acoge de prisa...
Y el suspiro que se vuelve brisa,
desintegra al intento de un palpitar sin corazón...
Es el retrato que enarbola el firmamento,
es el rostro de una amigo de mis sueños,
no es la risa la que colma a mis lamentos,
es la paradoja de una noche de tormento...
Voy a ocultarme entre los árboles,
para que no encuentre a
mi ser el malévolo cuervo,
y así,
sólo así,
podré oír nítidamente
el hermoso sonido creado
por el cugir del suelo que está manteniendo mi
pesado cuerpo,
cansado ya de sostener en la curva espalda
aquellos intentos que han quedado muertos...
Y el alma reposa aferrada a un pañuelo
de burlescas iniciales bordadas en tinta
del irónico destino.
Ya la tela está manchada de sangre y de vino,
están selladas en su canto las lágrimas que contengo,
y confiados están,
sobre él,
sobre su delicado existir,
cómo cuándo alguna vez
te obsequié mi vivir,
mis más grandes secretos
de dama de los tiempos añejados...
Cuán duro resulta ser la muerte
de la porpia esperanza...
vivir enganchada a la triste desilución...
Ser un alma aferrada al recuerdo,
cómo hoja al viento...
Ya no flotaré...
Marchita estoy,
y entonces ocultaré mi lamento,
en el silencio de algún rincón,
oscuro y tormentoso,
cómo los ojos de
el miedo burlón.