Gustavo Ayala
Poeta recién llegado
Muy buenas a todos. Aquí un servidor está encantado de ingresar en este portal literario. Les dejo este poema de verso libre. Se que podría estar mejor pero lo he escrito tal y como me lo ha dictado el alma. Si no les importa, díganme que les ha parecido desde el respeto. Un afectuoso saludo
Ocurrió durante una apagada noche
Naciste de mi mente soñadora
En un atemporal sueño febril.
Cielo ceniciento nos cubre
Cuando te veo de esta guisa.
Mas siento la muerte
Sin poder divisarla.
Se que ahora y aquí lo recuerdas
Con solo un gesto tuyo.
El momento en él que Orfeo y Eurídice
Conminados por el amor, uno se vuelven.
Por sutiles luces ambarinas
Una larga calle iluminada.
Como escriba de mi vida
La Luna llena pendía sobre mi testa.
Aunque carente de trascendencia
Oíase una hermosa e inaudible canción.
Sobre aquella terraza de piedra
Casi inmóvil me miraba.
Indómitos caballos flamígeros
En mi pecho relinchaban con inescrutable júbilo.
Relámpagos de rubíes y pétalos cobaltos
Bailaban alimentados por nuestra incesante mirada.
Sonaban suavemente campanillas doradas
Con cada una de nuestras pequeñas sonrisas.
Al contemplar su radiante cabellera
Gracias Láquesis creo que pensé.
Con gracia y dulzura rebosantes
Hacía mí bajó sin casi dejar de mirarme.
Destellos celestiales coronaban su figura
Cuando ella estaba a tres pasos de mí
Céfiro vigorizante sacudía mi alma.
En cuanto se detuvo levemente sonriendo
Con cierta pasión ardiendo en las mejillas
Estaba aquí pensé riendo.
Susurros etéreos llegaban a mis oídos
Cuando escuché aquella hermosa risotada.
Una nueva mirada.
Un mutuo posar de manos.
Un redoble de amapolas.
Un jadeo impaciente.
Un pestañeo que detiene las estaciones.
Un silencio inquebrantable
Un roce de labios.
Un momento inenarrable.
Ahora viéndote aquí
Tan cercano y lejano lo recuerdo.
La misma pasión crece en nuestros pechos
Cuando me miras entre esa gente.
Evocamos el mismo gozo que antaño vivimos
Cuando te miro entre esa gente.
Aunque vemos sentir en ti todos los recuerdos
De forma penosa maquilla tu cara la circunstancia.
Tu inflamado corazón te impide
Intentar esquivarme la mirada.
Decidís marcharos
Contrariando los desgarradores gritos de tu alma.
Antes de la última vez
Lloramos sin derramar lágrima alguna.
Soplos de triste viento alegórico
Me quedo clavado en el piso.
Portando una vela albugínea
Las tres se acercan tras de mi.
Sus semblantes funestos
Forzaban una sonrisa.
"¿La amas?" decían
"¿Quieres recuperar su amor?" decían.
Aquella calle acudió de nuevo a mi cabeza
Inclinándome ya roto por dentro.
Besé suavemente la mecha de la vela
Siento la calidez de aquellos labios.
Una vivaz llama brincaba en la mecha
"He aquí el grito de mi corazón" dije.
Una esplendente lágrima brotó
Sin poder ya más remediarlo.
Atrincherado en aquellos dichosos recuerdos
Salí de allí custodiado por la Luna.
Ocurrió durante una apagada noche
Naciste de mi mente soñadora
En un atemporal sueño febril.
Ocurrió durante una apagada noche
Naciste de mi mente soñadora
En un atemporal sueño febril.
Cielo ceniciento nos cubre
Cuando te veo de esta guisa.
Mas siento la muerte
Sin poder divisarla.
Se que ahora y aquí lo recuerdas
Con solo un gesto tuyo.
El momento en él que Orfeo y Eurídice
Conminados por el amor, uno se vuelven.
Por sutiles luces ambarinas
Una larga calle iluminada.
Como escriba de mi vida
La Luna llena pendía sobre mi testa.
Aunque carente de trascendencia
Oíase una hermosa e inaudible canción.
Sobre aquella terraza de piedra
Casi inmóvil me miraba.
Indómitos caballos flamígeros
En mi pecho relinchaban con inescrutable júbilo.
Relámpagos de rubíes y pétalos cobaltos
Bailaban alimentados por nuestra incesante mirada.
Sonaban suavemente campanillas doradas
Con cada una de nuestras pequeñas sonrisas.
Al contemplar su radiante cabellera
Gracias Láquesis creo que pensé.
Con gracia y dulzura rebosantes
Hacía mí bajó sin casi dejar de mirarme.
Destellos celestiales coronaban su figura
Cuando ella estaba a tres pasos de mí
Céfiro vigorizante sacudía mi alma.
En cuanto se detuvo levemente sonriendo
Con cierta pasión ardiendo en las mejillas
Estaba aquí pensé riendo.
Susurros etéreos llegaban a mis oídos
Cuando escuché aquella hermosa risotada.
Una nueva mirada.
Un mutuo posar de manos.
Un redoble de amapolas.
Un jadeo impaciente.
Un pestañeo que detiene las estaciones.
Un silencio inquebrantable
Un roce de labios.
Un momento inenarrable.
Ahora viéndote aquí
Tan cercano y lejano lo recuerdo.
La misma pasión crece en nuestros pechos
Cuando me miras entre esa gente.
Evocamos el mismo gozo que antaño vivimos
Cuando te miro entre esa gente.
Aunque vemos sentir en ti todos los recuerdos
De forma penosa maquilla tu cara la circunstancia.
Tu inflamado corazón te impide
Intentar esquivarme la mirada.
Decidís marcharos
Contrariando los desgarradores gritos de tu alma.
Antes de la última vez
Lloramos sin derramar lágrima alguna.
Soplos de triste viento alegórico
Me quedo clavado en el piso.
Portando una vela albugínea
Las tres se acercan tras de mi.
Sus semblantes funestos
Forzaban una sonrisa.
"¿La amas?" decían
"¿Quieres recuperar su amor?" decían.
Aquella calle acudió de nuevo a mi cabeza
Inclinándome ya roto por dentro.
Besé suavemente la mecha de la vela
Siento la calidez de aquellos labios.
Una vivaz llama brincaba en la mecha
"He aquí el grito de mi corazón" dije.
Una esplendente lágrima brotó
Sin poder ya más remediarlo.
Atrincherado en aquellos dichosos recuerdos
Salí de allí custodiado por la Luna.
Ocurrió durante una apagada noche
Naciste de mi mente soñadora
En un atemporal sueño febril.