diego la torre
Poeta recién llegado
Dos providencias en sus sentidos se apoderan de su mirada,
tan resplandecientes y pequenos que al percibirlos estremecen.
Pura y resplandeciente se ensambla la luna al agua
iluminando su cutis fino en la transparencia de su enagua.
Ligeros y bien formados como un petalo son sus labios,
los halaga un insaciable que clamando va por los anos.
Selectas entre su presencia muy bien creadas descanzan sus cejas
enunciando los placeres que a un reflexivo juviloso dejan.
Asoleados van sus hilos ocultando su perfil fino,
los acaricia muy temeroso, conmovido por su brillo.
Perfectos son los momentos que brotan en la madrugada,
un melancolico la conmemora con las voz perturbada,
confesando que solo acontecen cuando descanza sobre su almohada.
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tan resplandecientes y pequenos que al percibirlos estremecen.
Pura y resplandeciente se ensambla la luna al agua
iluminando su cutis fino en la transparencia de su enagua.
Ligeros y bien formados como un petalo son sus labios,
los halaga un insaciable que clamando va por los anos.
Selectas entre su presencia muy bien creadas descanzan sus cejas
enunciando los placeres que a un reflexivo juviloso dejan.
Asoleados van sus hilos ocultando su perfil fino,
los acaricia muy temeroso, conmovido por su brillo.
Perfectos son los momentos que brotan en la madrugada,
un melancolico la conmemora con las voz perturbada,
confesando que solo acontecen cuando descanza sobre su almohada.
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