amaru bonani
Poeta recién llegado
El primer porro del día.
el silencio, y tu compañía.
mientras el miedo nos devora,
así pasaron horas,
equinoccios, solsticios, y años
-parece que espero en vano-
peinado y con buena ropa,
con una copa, en un café,
embriagado de fe,
de entre una multitud,
distinguirte como la luz,
se luce en la oscuridad,
y tu a mi, como si fuese casual.
un arco iris después de un diluvio,
vimos estrellas, la luna, y atrás a saturno
compartimos bajo la lluvia de un domingo
en silencio, y en silencio y sigilo
te apartaste, volviste, y así de nuevo.
llore, y no halle consuelo.
mi alma, se retorció de pena
fue costra, ahora es piedra.
imagino que ríes y me alegro
para mi, tu, un encanto inefable
fuego incontrolable, un sentir palpable
la piel de nuestros labios se adhiere.
Y ya no imagino, ya que es fatuo,
mejor una pagina en blanco,
y buena temple, así llega otro diciembre,
de esbozar realidades
cuando tu buscabas verdades.
la senda del romance,
llega hasta un alma desnuda
sola, a gusto, con serena holgura,
sentada, con los brazos sobre sus rodillas
sobre nada, pero en si misma
en su silencio y a oscuras.
el silencio, y tu compañía.
mientras el miedo nos devora,
así pasaron horas,
equinoccios, solsticios, y años
-parece que espero en vano-
peinado y con buena ropa,
con una copa, en un café,
embriagado de fe,
de entre una multitud,
distinguirte como la luz,
se luce en la oscuridad,
y tu a mi, como si fuese casual.
un arco iris después de un diluvio,
vimos estrellas, la luna, y atrás a saturno
compartimos bajo la lluvia de un domingo
en silencio, y en silencio y sigilo
te apartaste, volviste, y así de nuevo.
llore, y no halle consuelo.
mi alma, se retorció de pena
fue costra, ahora es piedra.
imagino que ríes y me alegro
para mi, tu, un encanto inefable
fuego incontrolable, un sentir palpable
la piel de nuestros labios se adhiere.
Y ya no imagino, ya que es fatuo,
mejor una pagina en blanco,
y buena temple, así llega otro diciembre,
de esbozar realidades
cuando tu buscabas verdades.
la senda del romance,
llega hasta un alma desnuda
sola, a gusto, con serena holgura,
sentada, con los brazos sobre sus rodillas
sobre nada, pero en si misma
en su silencio y a oscuras.