elpoeta08112000
Poeta recién llegado
Me encontraba abrumado, hundido en mis más lúgubres sentimientos, perdido en las ruinas de mi alma. Sumergido en un sufrimiento inexplicable, pero, aún así, desgraciadamente propenso a sentirse, sin clemencia ni calma.
Como madre, a la que le arrebatan su hijo, como un niño, al que le arrebatan su madre, absorto a lo que el escabroso destino disponga. Esperando a que mis lágrimas cesen, y el tiempo cumpla su labor, indemnizando todo mal que mi lacerado corazón exponga.
El vivir, convertido en un ápice. Lo diminuto convertido en dolor. Así transcurría mi existencia, como en un eterno sopor.
Sin noción del tiempo, horas parecían días y días parecían segundos. Incapaz de divisar si me encontraba en el mundo onírico o en el de la vigilia, floreció una despampanante sílfide y con ella surgió un chispazo, creciendo, ardiendo y quemando todo a su paso. Sacándome bruscamente de aquel profundo letargo.
No podía creer lo que veía, era un cuerpo digno de una Diosa, un ser perteneciente al firmamento. Debo resaltar que sería muy injusto describirla, no existen palabras condescendientes para semejante ser, solo puedo describir mi sentimiento.
Dentro de mí, lo gris tomaba color, lo roto se resarcía, lo despedazado se reconstruía, dando lugar a nuevas estructuras, otras cadenas cargadas de emociones y sentimientos, quizás los mismos que me condujeron a la congoja y olvido anteriormente… Pero, no me importaba.
Por alguna extraña razón, no temía, sino todo lo contrario, mi alma reencarnada, acendrada por las lágrimas que antes la anegaban, anhelaba ser liberada de nuevo, navegar por los idílicos mares del amor, mi corazón, esperaba ansioso la hora de despertar con aquella desconocida voz, que, para mí, seguramente, sería una encantadora canción.
Deseaba ser atrapado con su sonrisa de ángel y hechizado por sus ilusorios abrazos. Deseaba fundirme en sus labios, detener nuestros mundos, siendo solo la fantástica chica familiarmente desconocida y yo, flotando en el espacio o en el fondo del océano.
No veía la hora de enamorarnos, entregarle todo mi amor y que nuestros corazones y almas se entrelazaran, como si fueran uno. Esa maravillosa chica, era un enigma, aun así, por algún motivo que desconocía, sentía la necesidad de estar junto a ella y que eso no damnificara a ninguno.
Vale la pena intentar dar una pequeña imagen de qué tan extraordinaria es ella, con una sencilla comparación. “Si la gente fuera lluvia, yo sería llovizna y ella, un huracán”.
Oh ¡vaya! Es impresionante, todo lo que se puede sentir, pensar y cambiar en 10 minutos, mientras nos encontramos deprimidos, contemplando a la recién mudada y nueva vecina desde nuestro desván.
Como madre, a la que le arrebatan su hijo, como un niño, al que le arrebatan su madre, absorto a lo que el escabroso destino disponga. Esperando a que mis lágrimas cesen, y el tiempo cumpla su labor, indemnizando todo mal que mi lacerado corazón exponga.
El vivir, convertido en un ápice. Lo diminuto convertido en dolor. Así transcurría mi existencia, como en un eterno sopor.
Sin noción del tiempo, horas parecían días y días parecían segundos. Incapaz de divisar si me encontraba en el mundo onírico o en el de la vigilia, floreció una despampanante sílfide y con ella surgió un chispazo, creciendo, ardiendo y quemando todo a su paso. Sacándome bruscamente de aquel profundo letargo.
No podía creer lo que veía, era un cuerpo digno de una Diosa, un ser perteneciente al firmamento. Debo resaltar que sería muy injusto describirla, no existen palabras condescendientes para semejante ser, solo puedo describir mi sentimiento.
Dentro de mí, lo gris tomaba color, lo roto se resarcía, lo despedazado se reconstruía, dando lugar a nuevas estructuras, otras cadenas cargadas de emociones y sentimientos, quizás los mismos que me condujeron a la congoja y olvido anteriormente… Pero, no me importaba.
Por alguna extraña razón, no temía, sino todo lo contrario, mi alma reencarnada, acendrada por las lágrimas que antes la anegaban, anhelaba ser liberada de nuevo, navegar por los idílicos mares del amor, mi corazón, esperaba ansioso la hora de despertar con aquella desconocida voz, que, para mí, seguramente, sería una encantadora canción.
Deseaba ser atrapado con su sonrisa de ángel y hechizado por sus ilusorios abrazos. Deseaba fundirme en sus labios, detener nuestros mundos, siendo solo la fantástica chica familiarmente desconocida y yo, flotando en el espacio o en el fondo del océano.
No veía la hora de enamorarnos, entregarle todo mi amor y que nuestros corazones y almas se entrelazaran, como si fueran uno. Esa maravillosa chica, era un enigma, aun así, por algún motivo que desconocía, sentía la necesidad de estar junto a ella y que eso no damnificara a ninguno.
Vale la pena intentar dar una pequeña imagen de qué tan extraordinaria es ella, con una sencilla comparación. “Si la gente fuera lluvia, yo sería llovizna y ella, un huracán”.
Oh ¡vaya! Es impresionante, todo lo que se puede sentir, pensar y cambiar en 10 minutos, mientras nos encontramos deprimidos, contemplando a la recién mudada y nueva vecina desde nuestro desván.