JoseM
Poeta recién llegado
Cada día que amanece me lastimas,
tu imagen viene a mí al abrir mis ojos,
acercando la distancia de lejanas tierras,
y por tus recuerdos doy gracias a Dios.
En mis manos tomo tu retrato,
y sobre tu sonrisa dibujada un beso plasmo,
¡tan cerca de mí y tan lejos!,
mis ojos se nublan de lagrimas,
que al caer se convierten en espejos
que reflejan la tristeza de mis días.
¡Te quiero hasta mas allá del infinito!,
palabras que resuenan como agudas notas,
que rompen mis recuerdos con hirientes flechas,
como un castigo a tu extraña despedida,
que se fue sin la huella de un beso
y sin la dulce melodía de un te amo.
Un adiós que nunca se dijo,
una despedida no esperada,
que ha traspasado como espada
mi corazón enamorado.
Como podré olvidarte,
si desde que te conocí me amaste con locura,
me hiciste el esclavo más feliz de la tierra
que de tus cadenas no quería zafarse.
Te serví con tal empeño,
que ni en la tierra ni en el cielo
hubo deidad que pudiera resistir
a los celos de mi adoración por ti.
Fuiste la causa principal de todo mi bien
y de mi desventura también,
con tu partida han corrido lágrimas de mis ojos,
que vueltas en torrentes caudalosos
a los santos del cielo han llenado de razones.
Por ti me juzgarán como loco,
o por lo menos, de muy poco valor,
de escasas fuerzas y de menos ánimo,
muy sentimental y bastante tonto.
¡Oh muerte! si llegases en este momento,
para quitarme la vida tendrías que hacer bien poco,
no habría mucho fuego de aliento que apagar
ni resistencia que doblegar,
solo despojos sería tu galardón y mucha
la ganancia que mi alma encontraría.
tu imagen viene a mí al abrir mis ojos,
acercando la distancia de lejanas tierras,
y por tus recuerdos doy gracias a Dios.
En mis manos tomo tu retrato,
y sobre tu sonrisa dibujada un beso plasmo,
¡tan cerca de mí y tan lejos!,
mis ojos se nublan de lagrimas,
que al caer se convierten en espejos
que reflejan la tristeza de mis días.
¡Te quiero hasta mas allá del infinito!,
palabras que resuenan como agudas notas,
que rompen mis recuerdos con hirientes flechas,
como un castigo a tu extraña despedida,
que se fue sin la huella de un beso
y sin la dulce melodía de un te amo.
Un adiós que nunca se dijo,
una despedida no esperada,
que ha traspasado como espada
mi corazón enamorado.
Como podré olvidarte,
si desde que te conocí me amaste con locura,
me hiciste el esclavo más feliz de la tierra
que de tus cadenas no quería zafarse.
Te serví con tal empeño,
que ni en la tierra ni en el cielo
hubo deidad que pudiera resistir
a los celos de mi adoración por ti.
Fuiste la causa principal de todo mi bien
y de mi desventura también,
con tu partida han corrido lágrimas de mis ojos,
que vueltas en torrentes caudalosos
a los santos del cielo han llenado de razones.
Por ti me juzgarán como loco,
o por lo menos, de muy poco valor,
de escasas fuerzas y de menos ánimo,
muy sentimental y bastante tonto.
¡Oh muerte! si llegases en este momento,
para quitarme la vida tendrías que hacer bien poco,
no habría mucho fuego de aliento que apagar
ni resistencia que doblegar,
solo despojos sería tu galardón y mucha
la ganancia que mi alma encontraría.