Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Un amante me suplicó que lo engullese.
<< ¿Qué mayor prueba de adoración puede haber
que la de dejarme formar
para siempre
parte de ti? >>
Pobre Ojos de Asfalto...
le hablaba a una estatua del Paganismo muerto,
¡a un abismo!
Yo,
que en las madrugadas
alimentaba a las cucarachas con sus oraciones,
previamente horneadas como finas hostias blasfemas.
Ojos de Asfalto
quería ser despellejado,
castrado,
convertido en estrellas.
Estrellas que clamaban por brillar a través de mi garganta
y clavarse en mis venas,
quedarse atascadas junto a la sangre petrificada.
Le permití su capricho.
Sin palabras.
Abrí la boca
y le dejé deslizarse entre mis labios y mis dientes.
Igual que otros fieles enfermizos.
<< ¿Qué mayor prueba de adoración puede haber
que la de dejarme formar
para siempre
parte de ti? >>
Pobre Ojos de Asfalto...
le hablaba a una estatua del Paganismo muerto,
¡a un abismo!
Yo,
que en las madrugadas
alimentaba a las cucarachas con sus oraciones,
previamente horneadas como finas hostias blasfemas.
Ojos de Asfalto
quería ser despellejado,
castrado,
convertido en estrellas.
Estrellas que clamaban por brillar a través de mi garganta
y clavarse en mis venas,
quedarse atascadas junto a la sangre petrificada.
Le permití su capricho.
Sin palabras.
Abrí la boca
y le dejé deslizarse entre mis labios y mis dientes.
Igual que otros fieles enfermizos.
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