AMANT
Poeta adicto al portal
Ígneos carbunclos.
Estrellas eclipsadas danzan
al compás de mis movimientos.
Coexisten
noche y alborada
en ese lugar ínfimo
que, todo expresa,
en silencio.
Con un par de astros se funden
círculos lóbregos y perfectos,
por donde,
etérea y bella,
de femineidad desbordada,
de sensualidad desaforada,
atisba tu esencia
_desde el mismo sitio
donde extravié la mía_
Me amaste, así como yo lo hice?
cuando a la luna aullar solía
pues evocaba tus ojos en plenilunio
y tu sonrisa en cuarto menguante,
cuando me embelesaba tu licantropía
aun siendo ajena,
aun siendo prohibida, me pregunto
intrigada.
Mujer de ojos de oro y miel,
novia onírica,
cuyos ojos cautivaron
cual aúreos anzuelos
a mi corazón bermejo.
Pizarras negras y blancas
donde versaba
mi insistente mirada,
de amor, los sonetos más bellos,
tus ojos eran,
tus ojos fueron.
En cada una de mis remembranzas
apareces siempre bella.
El amor se hacían
en silencio
cada vez que se cruzaban
nuestras pupilas dilatadas.
Y me enamoré de ti
inesperadamente
Y te amé
inevitablemente,
de una manera desesperada,
de una innegable forma
de un modo inefable.
Y fui una victima más
de tu vanidad,
mas tu ignoras
que no fue tu figura de Afrodita
ni el grácil oleaje de tus caderas en vaivén
lo que me prendó de ti
fue la mirada
de tus ojos de oro,
de tus ojos de lobo.
Estrellas eclipsadas danzan
al compás de mis movimientos.
Coexisten
noche y alborada
en ese lugar ínfimo
que, todo expresa,
en silencio.
Con un par de astros se funden
círculos lóbregos y perfectos,
por donde,
etérea y bella,
de femineidad desbordada,
de sensualidad desaforada,
atisba tu esencia
_desde el mismo sitio
donde extravié la mía_
Me amaste, así como yo lo hice?
cuando a la luna aullar solía
pues evocaba tus ojos en plenilunio
y tu sonrisa en cuarto menguante,
cuando me embelesaba tu licantropía
aun siendo ajena,
aun siendo prohibida, me pregunto
intrigada.
Mujer de ojos de oro y miel,
novia onírica,
cuyos ojos cautivaron
cual aúreos anzuelos
a mi corazón bermejo.
Pizarras negras y blancas
donde versaba
mi insistente mirada,
de amor, los sonetos más bellos,
tus ojos eran,
tus ojos fueron.
En cada una de mis remembranzas
apareces siempre bella.
El amor se hacían
en silencio
cada vez que se cruzaban
nuestras pupilas dilatadas.
Y me enamoré de ti
inesperadamente
Y te amé
inevitablemente,
de una manera desesperada,
de una innegable forma
de un modo inefable.
Y fui una victima más
de tu vanidad,
mas tu ignoras
que no fue tu figura de Afrodita
ni el grácil oleaje de tus caderas en vaivén
lo que me prendó de ti
fue la mirada
de tus ojos de oro,
de tus ojos de lobo.
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