ropittella
Poeta veterana en el Portal
Olivia era una niña muy pequeña.
La conocí desde que estaba en la panza de su mamá, luego fue mi alumna a los tres años.
Su cuerpo pequeñito inquieto y sus enormes ojos negros, siempre iluminados por una sonrisa ¡La mostraban tan feliz!
Hasta que el año pasado fui a su entierro, murió asfixiada por monóxido de carbono, a los seis años, junto a sus dos hermanitos menores y luego, a la semana siguiente, falleció además su papá.
Cuando supe la noticia quedé congelada, literalmente, tuve que abrigarme mucho más de la cuenta.
Tres ataúdes tan pequeños, tres ataúdes, tan pequeños, te marcan un antes y un después insoportable.
Ahora, cuando estoy por quejarme de algo se me aparece Olivia, con su carita de indiecita sonriente, prolija, feliz, feliz,
feliz de estar viva y ya no tengo de qué quejarme.
La conocí desde que estaba en la panza de su mamá, luego fue mi alumna a los tres años.
Su cuerpo pequeñito inquieto y sus enormes ojos negros, siempre iluminados por una sonrisa ¡La mostraban tan feliz!
Hasta que el año pasado fui a su entierro, murió asfixiada por monóxido de carbono, a los seis años, junto a sus dos hermanitos menores y luego, a la semana siguiente, falleció además su papá.
Cuando supe la noticia quedé congelada, literalmente, tuve que abrigarme mucho más de la cuenta.
Tres ataúdes tan pequeños, tres ataúdes, tan pequeños, te marcan un antes y un después insoportable.
Ahora, cuando estoy por quejarme de algo se me aparece Olivia, con su carita de indiecita sonriente, prolija, feliz, feliz,
feliz de estar viva y ya no tengo de qué quejarme.
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