laTondocua
Poeta recién llegado
Escucha purépecha, tarasco
la voz de mi abuelo narrando
la impresión de su experiencia
al ver a una mujer moviendo sus caderas
pepenando el agua de una noria,
desembocadura, camino
del manantial.
Muñecas de cartón con aretes de oro,
jarrones enormes donde los cuarenta ladrones
tendrían espacio para esconder uno mas,
vestidos oleados ,rebozos con colores envueltos
en tejidos de flores, mariposas, cruzes.
El deshilachado de las camisas hacia los hombres.
Cucharones pa mover el mole, el pozole, el churipo, la chaqueta.
Huares escondiendo en sus sonrisas
los días que les llevaron armar ,
pintar, coser el noble barro,
vendiéndolo a 10 pesos el concluyente recipiente.
Huajes donde cargas de vida;
fotos mentales, mapas dibujadas
con los recuerdos de viejos.
Ollas de barro, con negros, matices de
verdes, de serenas noches, con el aguardiente,
al lado.
¿Sabrán de la ciudad? ¿Sabrán en que lugar
ocupan sus exiliados cuentos plasmados
en las artesanías de sus empeños?
Y esos viejitos pidiéndome que los compre
para que se les quite esa sonrisa que acompaña
las chapas perforadas de su mascara engrudo.
Se quieren meter en mis senos esos viejitos
para ver si se mueren de una vez en la rodilla del diablo
donde la catrina se va a nadar, quitándose su vestido de gala
y plumas por una letanía de monja, para llevarse a algún padrecito
o algún rancherito.
Que bonita es, que bonito es distinguirla dibujada mientras todo el
mundo la ve cuantos disfraces tiene puestos.
la voz de mi abuelo narrando
la impresión de su experiencia
al ver a una mujer moviendo sus caderas
pepenando el agua de una noria,
desembocadura, camino
del manantial.
Muñecas de cartón con aretes de oro,
jarrones enormes donde los cuarenta ladrones
tendrían espacio para esconder uno mas,
vestidos oleados ,rebozos con colores envueltos
en tejidos de flores, mariposas, cruzes.
El deshilachado de las camisas hacia los hombres.
Cucharones pa mover el mole, el pozole, el churipo, la chaqueta.
Huares escondiendo en sus sonrisas
los días que les llevaron armar ,
pintar, coser el noble barro,
vendiéndolo a 10 pesos el concluyente recipiente.
Huajes donde cargas de vida;
fotos mentales, mapas dibujadas
con los recuerdos de viejos.
Ollas de barro, con negros, matices de
verdes, de serenas noches, con el aguardiente,
al lado.
¿Sabrán de la ciudad? ¿Sabrán en que lugar
ocupan sus exiliados cuentos plasmados
en las artesanías de sus empeños?
Y esos viejitos pidiéndome que los compre
para que se les quite esa sonrisa que acompaña
las chapas perforadas de su mascara engrudo.
Se quieren meter en mis senos esos viejitos
para ver si se mueren de una vez en la rodilla del diablo
donde la catrina se va a nadar, quitándose su vestido de gala
y plumas por una letanía de monja, para llevarse a algún padrecito
o algún rancherito.
Que bonita es, que bonito es distinguirla dibujada mientras todo el
mundo la ve cuantos disfraces tiene puestos.