No quiero sentir que a lo lejos
alguien ensambla las consonantes
y las vocales que se corrompen al formar mi nombre.
No quiero protagonizar decadentes recuerdos
haré lo necesario para lograr
que nunca me lleves en la memoria.
Y si pudriéndome
conseguiré que me olvides
¡que venga pues la putrefacción!
que mi rostro sea invadido
por las verdes líneas del tiempo
las llagas de la noche negra
que me atraviesen los túneles pestilentes
desde donde brotan los regordetes gusanos
que de mi carne de bronce se alimentan.
Y que importa si aun no me muero
y que importa si aun sigo arrastrándome
si sigo asechando la verdad desde lo lejos.
¡Que se me acerque la devastación!
Que de la fría tierra brota
que me envuelva con fuerza
el tenue olor a niebla
a niebla de cementerio
aquel olor que solo percibo
cuando ya casi me llega la muerte
en el suelo, desollado
pero vivo.
Porque me aterra en verdad
ser recordado por tu frágil mente
me aterra
ser un haz de neuronas
personificando escenas
brutalmente desoladoras
y vergonzosamente tristes.
Desde el suelo lejano te imploro
olvídame, no me recuerdes.