BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Furioso cual tentáculo
que causa el drenaje
en el origen de mis brazos.
En una esencia dispersa.
Rosaleda ambigua, de
parras ya trasnochadas,
de perras que aúllan
en celo a la luna silente.
Sitúo tu vientre junto al mío:
acaece la vocación de alfabeto
románico, que espero poder
entender. Y el agua, mansa,
doblegada, austera, reposada.
Los perros copulan, las cohortes
de ciegos, manipulan los labios
de aquellos colgajos pendulares.
Vida animal, vida humana.
Los silencios destellan y emiten
su ruido de enjambre taladrado.
Separo los ojos del papel
un instante
hasta que veo seguras posiciones
futuras.
Los nudos del alma vacían
de sentido los mares de la náusea.
Esta luz me abandona por la tarde.
Cuando descanso y vierto aire frío
en los ladridos insistentes del perro.
Un perro copulador, inmenso.
Que rasga la tierra y la hace hembra.
Hembra de trigo y cereal de espuma.
Esta luz mediterránea o casi, me sume
en silencios más puros que los de un anacoreta.
Veo la tierra su palpitar continuo
hasta formular los enunciados de sangre
que han de perseguirme toda la vida.
Esos mandamientos de gélidas vías,
de relojes sin agujas y agujas destruidas,
mi tiempo pasa y yo no me doy cuenta:
ombligo detenido en el aroma del mundo.
©
que causa el drenaje
en el origen de mis brazos.
En una esencia dispersa.
Rosaleda ambigua, de
parras ya trasnochadas,
de perras que aúllan
en celo a la luna silente.
Sitúo tu vientre junto al mío:
acaece la vocación de alfabeto
románico, que espero poder
entender. Y el agua, mansa,
doblegada, austera, reposada.
Los perros copulan, las cohortes
de ciegos, manipulan los labios
de aquellos colgajos pendulares.
Vida animal, vida humana.
Los silencios destellan y emiten
su ruido de enjambre taladrado.
Separo los ojos del papel
un instante
hasta que veo seguras posiciones
futuras.
Los nudos del alma vacían
de sentido los mares de la náusea.
Esta luz me abandona por la tarde.
Cuando descanso y vierto aire frío
en los ladridos insistentes del perro.
Un perro copulador, inmenso.
Que rasga la tierra y la hace hembra.
Hembra de trigo y cereal de espuma.
Esta luz mediterránea o casi, me sume
en silencios más puros que los de un anacoreta.
Veo la tierra su palpitar continuo
hasta formular los enunciados de sangre
que han de perseguirme toda la vida.
Esos mandamientos de gélidas vías,
de relojes sin agujas y agujas destruidas,
mi tiempo pasa y yo no me doy cuenta:
ombligo detenido en el aroma del mundo.
©