Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las curvas son cerradas
las ruedas lo atestiguan,
en un campo sin gallos ni lagartos
quedaron dando vueltas
bajo el disco de la luna.
Un viajero pasó
acuciado por las prisas,
ambulante y peregrino,
vio la larga cadena de metal forjado,
largas espinas envueltas
en papel de seda
largas ventanas sin marco
con las cortinas echadas;
el calor intenso, amargo y ácido
exprimió limones verdes
sobre ojos de cera;
un miedo con grumos de sal
quemó la garganta.
El viajero pasó de largo,
siguió el camino de los viejos cipreses
del cementerio,
se paró de pronto,
el costal que llevaba a sus espaldas
le pesaba en exceso,
dejó que unos números cubrieran la noche
con sus letras,
y él, a cubierto,
en el fundido de la escena
esperó a las luces del dolor y el grito
que llegaron pasadas las doce
y paradas las ruedas,
llenaron de humo el desdibujado rostro
que apenas tembló
cuando fue extraído.
El viajero hace recuento de sus muchos errores
y está decidido, a no dejar
que otra oportunidad
perezca entre sus dedos.
las ruedas lo atestiguan,
en un campo sin gallos ni lagartos
quedaron dando vueltas
bajo el disco de la luna.
Un viajero pasó
acuciado por las prisas,
ambulante y peregrino,
vio la larga cadena de metal forjado,
largas espinas envueltas
en papel de seda
largas ventanas sin marco
con las cortinas echadas;
el calor intenso, amargo y ácido
exprimió limones verdes
sobre ojos de cera;
un miedo con grumos de sal
quemó la garganta.
El viajero pasó de largo,
siguió el camino de los viejos cipreses
del cementerio,
se paró de pronto,
el costal que llevaba a sus espaldas
le pesaba en exceso,
dejó que unos números cubrieran la noche
con sus letras,
y él, a cubierto,
en el fundido de la escena
esperó a las luces del dolor y el grito
que llegaron pasadas las doce
y paradas las ruedas,
llenaron de humo el desdibujado rostro
que apenas tembló
cuando fue extraído.
El viajero hace recuento de sus muchos errores
y está decidido, a no dejar
que otra oportunidad
perezca entre sus dedos.