De las chocolatinas de las aves del templo,
y esos ojos, que mantienen la llama…
de los tejadillos de la canción,
o nuestros remeros, por esos sueños que vocean…
el final, de tanto perder, sin convencerse…
el fluir de los colores, y tus enormes castillos de naipes…
esa conclusión, donde se relajan la orejas.
y esos ojos, que mantienen la llama…
de los tejadillos de la canción,
o nuestros remeros, por esos sueños que vocean…
el final, de tanto perder, sin convencerse…
el fluir de los colores, y tus enormes castillos de naipes…
esa conclusión, donde se relajan la orejas.