Meigo
Poeta Reconocido
Nos enseñaron a no forzar
la cerradura del cielo en vida,
a mordernos los nudillos
y no dejar charcos de saliva
que lubriquen el atajo
de nylon de la garganta.
No enseñaron a tener miedo
a todos los ecuadores:
a la cintura, y a la razón;
al vello que se enrede en los dedos
y a las húmedas moléculas
altivas de la pasión.
Aprendimos a ignorar
para qué sirve el deseo.
la cerradura del cielo en vida,
a mordernos los nudillos
y no dejar charcos de saliva
que lubriquen el atajo
de nylon de la garganta.
No enseñaron a tener miedo
a todos los ecuadores:
a la cintura, y a la razón;
al vello que se enrede en los dedos
y a las húmedas moléculas
altivas de la pasión.
Aprendimos a ignorar
para qué sirve el deseo.