De una reunión de recolectores de frutos oníricos;
lo que nos une una lágrima, de símbolos indios…
de una escuela de dragones, quizás…
o las bailarinas que marcharon de noche, descalzas;
buscando el eje común del espejo…
De esas palabras, que aún, no han abierto el humo;
nosotros empeñados en abrir sentimientos con el estómago…
la calidez, de esos pelajes amorosos;
con lo que nos llega al vuelo,
o lo que se abre paso como torrentes…
La hora bruja, cuando hay retoños, de aullidos blancos…
todos los recovecos de la casa, que alcanzan a dialogar, con instantes de mil manos…
Cuando rían, las hogueras del circo,
y persigan panteras, el revés de la hoja…
buscarnos en caballitos de mar, por las efervescencias…
mientras saltan esos peces, de universos íntimos;
nos cuentan del flotar de nuestras cosas más absolutas…
esas que siempre están de regreso, por dormidas orillas exóticas.
lo que nos une una lágrima, de símbolos indios…
de una escuela de dragones, quizás…
o las bailarinas que marcharon de noche, descalzas;
buscando el eje común del espejo…
De esas palabras, que aún, no han abierto el humo;
nosotros empeñados en abrir sentimientos con el estómago…
la calidez, de esos pelajes amorosos;
con lo que nos llega al vuelo,
o lo que se abre paso como torrentes…
La hora bruja, cuando hay retoños, de aullidos blancos…
todos los recovecos de la casa, que alcanzan a dialogar, con instantes de mil manos…
Cuando rían, las hogueras del circo,
y persigan panteras, el revés de la hoja…
buscarnos en caballitos de mar, por las efervescencias…
mientras saltan esos peces, de universos íntimos;
nos cuentan del flotar de nuestras cosas más absolutas…
esas que siempre están de regreso, por dormidas orillas exóticas.
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