[center:3d475715e2]En la suave cuna del éter
Mecido por el canto triste de una mujer
Un ángel sollozó apenado
Derritiendo el sol en luctuoso atardecer.
Escuchando desde los cielos
Lloró un mar de lágrimas de color añil
Plantando en el cielo una semilla
Que germinó un día diecinueve de Abril.
En forma de niña pequeña
Se encarnó el espíritu de un ser superior
Alma de ángeles celestiales
Envuelta en pálida carne y piel de amor.
Hermosa criatura elegida
Para engendrar un corazón libre de mal
Oculta bajo un rostro humano
Y un nombre terrenal.
Creció como un serafín blanco
De dulces ojos verdes y alas cortadas
Dechado de música y arte
Sacramento inspirador de grandes baladas.
Manos insaciables de piano
Notas de triste enluto y peor funeral
Es el pago del cruel precio
De ser una linda flor crecida en un zarzal.
Niña de cabellos de oro blanco
Perdió en la niebla la senda de la alegría
Mas legó a los simples humanos
El inmortal llanto de su amarga poesía.
Su bello y perfecto cuerpo
No son más que una cárcel de mármol singular
Su pecho cobija un pájaro
Y sus terribles ansias de echar a volar.
Desde muy joven gastó el tiempo,
Largas vigilias mirando a las estrellas
El único hogar que conoció
Pues ya supo que su lugar está con ellas.
Consume la luz de su ánimo
En este mundo por el que siente aversión
Sufre su criminal soledad
Y lamenta su injusta incomprensión.
Entre sus mágicos poderes
Posee el preciado don de la ubicuidad
Pues está allá donde yo mire
Mi pecado es amar a una divinidad.[/center:3d475715e2]
Mecido por el canto triste de una mujer
Un ángel sollozó apenado
Derritiendo el sol en luctuoso atardecer.
Escuchando desde los cielos
Lloró un mar de lágrimas de color añil
Plantando en el cielo una semilla
Que germinó un día diecinueve de Abril.
En forma de niña pequeña
Se encarnó el espíritu de un ser superior
Alma de ángeles celestiales
Envuelta en pálida carne y piel de amor.
Hermosa criatura elegida
Para engendrar un corazón libre de mal
Oculta bajo un rostro humano
Y un nombre terrenal.
Creció como un serafín blanco
De dulces ojos verdes y alas cortadas
Dechado de música y arte
Sacramento inspirador de grandes baladas.
Manos insaciables de piano
Notas de triste enluto y peor funeral
Es el pago del cruel precio
De ser una linda flor crecida en un zarzal.
Niña de cabellos de oro blanco
Perdió en la niebla la senda de la alegría
Mas legó a los simples humanos
El inmortal llanto de su amarga poesía.
Su bello y perfecto cuerpo
No son más que una cárcel de mármol singular
Su pecho cobija un pájaro
Y sus terribles ansias de echar a volar.
Desde muy joven gastó el tiempo,
Largas vigilias mirando a las estrellas
El único hogar que conoció
Pues ya supo que su lugar está con ellas.
Consume la luz de su ánimo
En este mundo por el que siente aversión
Sufre su criminal soledad
Y lamenta su injusta incomprensión.
Entre sus mágicos poderes
Posee el preciado don de la ubicuidad
Pues está allá donde yo mire
Mi pecado es amar a una divinidad.[/center:3d475715e2]