Nommo
Poeta veterano en el portal
Ella estaba sola, y era linda como el rubí.
Las fieras llegaron al poder, y la dejé atrás.
Me marché, porque el rigor de la No-Violencia, intuí.
Es el Sur, como Alláh: Grande y bendito por siempre.
La dueña del Islam. Principesco y femenino. El No-Ser. No ser estúpido, idiota ni gamberro.
Volví a recuperarla, y la rescaté del baúl de los Recuerdos.
Estaba cubierta por telas de araña.
Me dijo que había parido pepitas de oro, como en la bandera de España.
Sangre y oro, para que yo volviera con lágrimas divinas, al Foro.
Sin la muerte, y sin su guadaña.
Me la traje, transformada en manto.
Me la traje, como mantón de Manila, y no se espanta.
Burbujea como la Fanta de Naranja, o el Sprite, que sólo quita la sed.
Y dice que habita en la basílica de San Pedro, que está en el Vaticano. En la santa sede.
Hablo con ella, y dice sentirse como una gran paella valenciana.
La pruebo y es gitana y ardiente. Flamenca y con duende.
El embrujo de sus ojos moros, me habla de mil tesoros.
Amigos por doquier, enterrados en la arena de una isla desierta.
Yo la mimo y la cuido. Es bella durmiente, pero si la agito, se despierta.
Las fieras llegaron al poder, y la dejé atrás.
Me marché, porque el rigor de la No-Violencia, intuí.
Es el Sur, como Alláh: Grande y bendito por siempre.
La dueña del Islam. Principesco y femenino. El No-Ser. No ser estúpido, idiota ni gamberro.
Volví a recuperarla, y la rescaté del baúl de los Recuerdos.
Estaba cubierta por telas de araña.
Me dijo que había parido pepitas de oro, como en la bandera de España.
Sangre y oro, para que yo volviera con lágrimas divinas, al Foro.
Sin la muerte, y sin su guadaña.
Me la traje, transformada en manto.
Me la traje, como mantón de Manila, y no se espanta.
Burbujea como la Fanta de Naranja, o el Sprite, que sólo quita la sed.
Y dice que habita en la basílica de San Pedro, que está en el Vaticano. En la santa sede.
Hablo con ella, y dice sentirse como una gran paella valenciana.
La pruebo y es gitana y ardiente. Flamenca y con duende.
El embrujo de sus ojos moros, me habla de mil tesoros.
Amigos por doquier, enterrados en la arena de una isla desierta.
Yo la mimo y la cuido. Es bella durmiente, pero si la agito, se despierta.
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