Osadía de un aspirante a poeta confeccionando velos

marquelo

Negrito villero
La poesía entendida
como un reloj de arena
cuya brillantez reside
en el distintivo andar
de tus cabellos
en cónclaves litúrgicos
y en esa manera tan femenina
que adquiere el oro
en los descansillos del aire
logrando su ultimo esfuerzo
hacia el labio fortificado.

La tinta cuya serigrafía
hace del brazo
un encantamiento
fortificado de sólidos
pezones y miembros
cuyo aleteo de luz
bailan hacia el final
de la vista
como un nado de salvataje.

La fiebre de la frente

orilla el deseo

algo desconocido

como la noche anónima

cae

para cubrirlo

con un nombre de mujer.








 

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