Remanso de oro en las largas avenidas,
preludio de tristezas de las cosas huidizas.
Es otoño en el tiempo y es otoño en mi alma,
y los árboles sollozan bajo un cielo de lápida.
Estas tardes tan tristes aguzan mis tristezas,
esas noches que añoro, cuando ame tu belleza,
son dardos que se clavan dentro del corazón.
Recuerdo aquellos días de locas alegrías
en que mi alma se henchía con tu melancolía,
reías y llorabas y después me decías,
yo quisiera que nunca se termine este día,
que es gloria inefable para tu alma y la mía.
Yo iba saboreando la inquieta ambrosía de tus labios sensuales,
bajo la tarde esquiva, tu seguiste tu rumbo,
yo quedé contemplando en mitad del camino tu silueta,
que poco a poco huía, con el día de pena,
hasta la luna llena de la noche enemiga.
preludio de tristezas de las cosas huidizas.
Es otoño en el tiempo y es otoño en mi alma,
y los árboles sollozan bajo un cielo de lápida.
Estas tardes tan tristes aguzan mis tristezas,
esas noches que añoro, cuando ame tu belleza,
son dardos que se clavan dentro del corazón.
Recuerdo aquellos días de locas alegrías
en que mi alma se henchía con tu melancolía,
reías y llorabas y después me decías,
yo quisiera que nunca se termine este día,
que es gloria inefable para tu alma y la mía.
Yo iba saboreando la inquieta ambrosía de tus labios sensuales,
bajo la tarde esquiva, tu seguiste tu rumbo,
yo quedé contemplando en mitad del camino tu silueta,
que poco a poco huía, con el día de pena,
hasta la luna llena de la noche enemiga.