Érase tal el frío que irradiaba el sol cuando me dejaste
Cuando aplastaste la inmaterialidad de mi alma
y te deshiciste de los sinsabores del desamor
Atrás habían quedado los atardeceres que atravesé por ti
y aquél día que me inmiscuí entre tus sentidos
Desapareciste entre la niebla y yo entre las nubes
Apuntaste a la salvedad y te adentraste en la rendición
Ahora el árbol de mi amor por ti se deshoja,
ahora te suspiro,
en tanto que la música de mi llanto se desborda entre vaivenes
Sobre mi piel la escarcha colorea la mentira de tu retorno
El frío me envuelve y tu calidez no le hace frente
Pero la dulzura de tu ignoto mirar continúa tan humilde
que vacilo y en un instante retengo aquel bosquejo de amor
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