pablovalcarcel
Poeta recién llegado
Y fue el tiempo otra vez,
el mismo que maldigo ahora por lento,
que me atenaza en el presente al mismo ritmo de ayer,
ahora pido que acelere igual que le pediré, con suerte, que pare,
La lucha de lo racional con lo emotivo,
donde la victoria está en perder,
y no será difícil aplacar mi voluntad,
que tantas otras veces mostré débil,
quizá ahora es la añoranza del dulce veneno,
al que siempre gusta volver.
Irónico lanzarse a la aventura del tesoro,
despojarse de la armadura,
ahora que posé el yelmo,
ya se que pronto estaré indefenso,
pero si solo la piel te proporciona lo que oculta el acero,
solo con el pecho descubierto se revela el final,
He de reconocer el culto a la imagen de altivo caballero,
enfundado en cota de malla y armadura,
oculto en tiempos de paz,
es momento de sentir el sol en la piel,
ojear el cielo para acabar hincando la rodilla al suelo,
y con la mirada baja esperar juicio.
Con el sol en lo alto cayendo hacia el horizonte,
como tantos días de gloria,
como tantas batallas perdidas,
solo queda esperar el lejano atardecer,
confiando al azar lo que uno mismo no pudo ganar
leer el veredicto, lo único que puedo esperar,
el mismo que maldigo ahora por lento,
que me atenaza en el presente al mismo ritmo de ayer,
ahora pido que acelere igual que le pediré, con suerte, que pare,
La lucha de lo racional con lo emotivo,
donde la victoria está en perder,
y no será difícil aplacar mi voluntad,
que tantas otras veces mostré débil,
quizá ahora es la añoranza del dulce veneno,
al que siempre gusta volver.
Irónico lanzarse a la aventura del tesoro,
despojarse de la armadura,
ahora que posé el yelmo,
ya se que pronto estaré indefenso,
pero si solo la piel te proporciona lo que oculta el acero,
solo con el pecho descubierto se revela el final,
He de reconocer el culto a la imagen de altivo caballero,
enfundado en cota de malla y armadura,
oculto en tiempos de paz,
es momento de sentir el sol en la piel,
ojear el cielo para acabar hincando la rodilla al suelo,
y con la mirada baja esperar juicio.
Con el sol en lo alto cayendo hacia el horizonte,
como tantos días de gloria,
como tantas batallas perdidas,
solo queda esperar el lejano atardecer,
confiando al azar lo que uno mismo no pudo ganar
leer el veredicto, lo único que puedo esperar,