SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Un cielo sombrío, cómo si se montara un cielo cobrizo y negro, sobre otro cielo.
Por bandadas, aves de miles especies volaban rumbo hacia el este, ennegreciendo el cielo
como temporal de tormenta.
Una niña de suaves modales y lacia cabellera negra , vestida en blanco de seda, caminaba por la senda, sola, tranquila y serena.
Las pringas comienzan a caer como
flotantes gotas ligeras.
La pajarera no cesa, de volar camino al este, nubes de pájaros grises
entre las nubes abiertas,
en perfecta formación
de escuadrones a la guerra.
La garua apretó su fuerza y comenzó a empapar la pradera.
Pasaron todas las aves, dejando al cielo sus huellas.
El conjuro del maestro,
dejo un efímero silencio,
en la noche oscura y ciega.
La garua, desbordados charcos
a la pradera le deja,
y un frío en la madrugada,
desde el norte que se cuela,
en un torbellino cierzo,
que acompaña la tormenta.
Por bandadas, aves de miles especies volaban rumbo hacia el este, ennegreciendo el cielo
como temporal de tormenta.
Una niña de suaves modales y lacia cabellera negra , vestida en blanco de seda, caminaba por la senda, sola, tranquila y serena.
Las pringas comienzan a caer como
flotantes gotas ligeras.
La pajarera no cesa, de volar camino al este, nubes de pájaros grises
entre las nubes abiertas,
en perfecta formación
de escuadrones a la guerra.
La garua apretó su fuerza y comenzó a empapar la pradera.
Pasaron todas las aves, dejando al cielo sus huellas.
El conjuro del maestro,
dejo un efímero silencio,
en la noche oscura y ciega.
La garua, desbordados charcos
a la pradera le deja,
y un frío en la madrugada,
desde el norte que se cuela,
en un torbellino cierzo,
que acompaña la tormenta.