jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
se fueron de esta tierra los poetas
se fueron y se llevaron con ellos
el poema perfecto, su rabia, su perpleja noche
el atisbo fugaz de algo en alguna parte alguna vez
que hubiera podido bastar para cambiarles la vida
o por lo menos hacer más dulce su derrota
la certeza de que no existen las certezas
ni ese café junto al sena donde encuentras
una tarde de abril a la mujer de tu vida
se llevaron su sangre revuelta, la plenitud
que no logró encontrar salida en las palabras
la angustia de pensar "esto fue todo
y sucedió tan rápido como un disparo"
y de que nunca habría una segunda vuelta
se llevaron su mirada de cristal hecha añicos
a fuerza de mirar las cosas y los hechos
siempre inalterables, atados a su esencia de roca
se llevaron algún inconfesado sueño
que ciertas madrugadas los habrá desvelado
el dolor de saberse inmortales
mientras la fuerza declinaba en sus huesos
se llevaron aquella tarde junto al mar
hace tantos años ya, y lo que no fue
y el destierro y la arena y el nunca
se llevaron todas las mujeres
las de mentira, las de aire, las desconocidas
el cardo, la ortiga, se llevaron las espinas
pero dejaron la rosa
se fueron y se llevaron con ellos
el poema perfecto, su rabia, su perpleja noche
el atisbo fugaz de algo en alguna parte alguna vez
que hubiera podido bastar para cambiarles la vida
o por lo menos hacer más dulce su derrota
la certeza de que no existen las certezas
ni ese café junto al sena donde encuentras
una tarde de abril a la mujer de tu vida
se llevaron su sangre revuelta, la plenitud
que no logró encontrar salida en las palabras
la angustia de pensar "esto fue todo
y sucedió tan rápido como un disparo"
y de que nunca habría una segunda vuelta
se llevaron su mirada de cristal hecha añicos
a fuerza de mirar las cosas y los hechos
siempre inalterables, atados a su esencia de roca
se llevaron algún inconfesado sueño
que ciertas madrugadas los habrá desvelado
el dolor de saberse inmortales
mientras la fuerza declinaba en sus huesos
se llevaron aquella tarde junto al mar
hace tantos años ya, y lo que no fue
y el destierro y la arena y el nunca
se llevaron todas las mujeres
las de mentira, las de aire, las desconocidas
el cardo, la ortiga, se llevaron las espinas
pero dejaron la rosa