Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Figuras lastimeras se forman en las sombras,
son luces que dejaron su brillar por un temor mortal,
para ellos, el reloj sigue su andar ufano y lacerante,
es el tiempo que vuela imperceptible y destaza cada suspiro que recubre el tiritar,
como una leve caricia que des membrana la razón y el existir.
Y son estas páginas blancas, cercenadas por el mar obscuro de la tinta de mi alma,
emisarias diáfanas que pretenden mostrar la verdad que alucino nocturno,
mientras postrado en el suelo, que [FONT="]frío corroe las sensaciones de los visitantes furtivos,
los veo en medio de una danza fúnebre, delirando su delirio, sobando su desnudez contra la noche alta.
En la inmensidad de los cielos vastos, entre señuelos de recuerdos y obscura poesía,
la estela fugaz de una estrella viajera ve detenida en su hondada nocturna,
simulando en ese instante una vereda de luz en medio de trazos desolados,
marcando, finita, la distancia tan corta que hay entre las almas y el vacio.
Mil suspiro vueltos verso, torrentes de sangre tatuados permanentes en estas páginas blancas,
una razón alada que flota impredecible entre cada hoja que, abierta, confiesa su verdad,
un trazo de obscuridad que vuelve un punto divisorio entre la lágrimas y los sollozos,
los zarpazos impávidos de dolor que estrujan una verdad hasta escurrirles tinta
y con esta se alimente el emisario nocturno que habita en el corazón.
Figuras lastimeras que se forman en las sombras,
son los fantasmas de los entes dejados atrás con el paso del tiempo
y reclaman ahora emerger nuevamente,
y recobrar el espacio que justamente les pertenece,
son los recuerdos escritos en esas páginas blancas, fragmentos de alma cristalinos,
tan transparentes que hacen suponer que en esas páginas blancas no ha sido escrito absolutamente nada.
son luces que dejaron su brillar por un temor mortal,
para ellos, el reloj sigue su andar ufano y lacerante,
es el tiempo que vuela imperceptible y destaza cada suspiro que recubre el tiritar,
como una leve caricia que des membrana la razón y el existir.
Y son estas páginas blancas, cercenadas por el mar obscuro de la tinta de mi alma,
emisarias diáfanas que pretenden mostrar la verdad que alucino nocturno,
mientras postrado en el suelo, que [FONT="]frío corroe las sensaciones de los visitantes furtivos,
los veo en medio de una danza fúnebre, delirando su delirio, sobando su desnudez contra la noche alta.
En la inmensidad de los cielos vastos, entre señuelos de recuerdos y obscura poesía,
la estela fugaz de una estrella viajera ve detenida en su hondada nocturna,
simulando en ese instante una vereda de luz en medio de trazos desolados,
marcando, finita, la distancia tan corta que hay entre las almas y el vacio.
Mil suspiro vueltos verso, torrentes de sangre tatuados permanentes en estas páginas blancas,
una razón alada que flota impredecible entre cada hoja que, abierta, confiesa su verdad,
un trazo de obscuridad que vuelve un punto divisorio entre la lágrimas y los sollozos,
los zarpazos impávidos de dolor que estrujan una verdad hasta escurrirles tinta
y con esta se alimente el emisario nocturno que habita en el corazón.
Figuras lastimeras que se forman en las sombras,
son los fantasmas de los entes dejados atrás con el paso del tiempo
y reclaman ahora emerger nuevamente,
y recobrar el espacio que justamente les pertenece,
son los recuerdos escritos en esas páginas blancas, fragmentos de alma cristalinos,
tan transparentes que hacen suponer que en esas páginas blancas no ha sido escrito absolutamente nada.
Última edición por un moderador: