La ciudad se nubla con ideas de presente,
y se ilumina cuando llegan los recuerdos
de un pasado, ahora patente,
de una vida donde se apagó el incendio.
Siempre miro la misma calle, encadenado,
a sensaciones de una vida ya vivida,
y no me siento, en la ausencia, condenado,
a este paisaje de ciudad hundida.
Los coches cambian, las personas cambian.
Todo se transforma, la mente se anega.
Como se contempla, sin mirar, en la distancia,
la vida que de cualquier modo llega.
Si me marcho de la calle, pierdo ausencia.
Ausencia que me lleva hasta esa calle.
Si vuelvo a ella, la calle me da ausencia.
Ciudad de letanías inmortales.