SebastiánAdrovéz
Poeta recién llegado
La infinitud de tus palabras gritadas al silencio
Palabras perdidas en la brecha de tu cuerpo
Perdidas en cada intento derrochado por tus labios
Por moldear un desierto entre las grietas de tu piel
Apresando las miradas en tu cuello fértil
El cauce de tu figura, símil de una apolínea sirena
Perturba e invade pueblos enteros
Sin más intención que solo invadir
Se quema el soez hielo que hay entre nosotros
Mientras se envenena mi mente de tu pérfida imagen
Embriagada de belleza y confusión
Con mis manos, cruzo el mar que hay en tu vientre
Las desplazo como un barco cuyo rumbo fijaron las estrellas
Formo olas en tu piel, olas que prosperan a medida avanzo en mi tarea
Olas que como los planetas, siguen un sendero ineludible hacia el ocaso
Se apaga la vela de mi barco en tus caderas, donde el naufragio de mis ojos
Retrasa el epitafio de nuestra pequeña muerte
Con paso lento
Me pierdo entre esos montes
Obnubilado por el destello de tal astro de mañana
Seducido por la letífera apariencia de tu cabellera al despertar
Amortiguo la distancia de tus besos con un verso matutino
Divago entre tus piernas, dos grandes copas de cristal
Que se alzan ante el vencedor de los infiernos como una flor hacia su sol
Palabras perdidas en la brecha de tu cuerpo
Perdidas en cada intento derrochado por tus labios
Por moldear un desierto entre las grietas de tu piel
Apresando las miradas en tu cuello fértil
El cauce de tu figura, símil de una apolínea sirena
Perturba e invade pueblos enteros
Sin más intención que solo invadir
Se quema el soez hielo que hay entre nosotros
Mientras se envenena mi mente de tu pérfida imagen
Embriagada de belleza y confusión
Con mis manos, cruzo el mar que hay en tu vientre
Las desplazo como un barco cuyo rumbo fijaron las estrellas
Formo olas en tu piel, olas que prosperan a medida avanzo en mi tarea
Olas que como los planetas, siguen un sendero ineludible hacia el ocaso
Se apaga la vela de mi barco en tus caderas, donde el naufragio de mis ojos
Retrasa el epitafio de nuestra pequeña muerte
Con paso lento
Me pierdo entre esos montes
Obnubilado por el destello de tal astro de mañana
Seducido por la letífera apariencia de tu cabellera al despertar
Amortiguo la distancia de tus besos con un verso matutino
Divago entre tus piernas, dos grandes copas de cristal
Que se alzan ante el vencedor de los infiernos como una flor hacia su sol
Última edición: