Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XII.
La noche sorprendió al verso soñando,
de flores hace tocado de rosas,
en medio de un espacio,
lleno de lamentos y muerte,
acallad de una vez las serpientes,
charlatanas a doble lengua,
brujos con sandalias medio desgastadas,
hacen círculos polares,
alrededor de altares de plata.
Que se alza la envidia de un canto,
más besan tres muertos el líquido de una vela,
escancian en la boca la cera,
para hacer de sus alientos letras
templan en laterales de copas celestiales,
el liquido escanciado de sus venas,
por ser de la nada ya son príncipes,
porque el oscuro nombra realezas,
donde el sol derrite coronas púrpuras.
Deja caer el laurel de su boca,
una huesuda paloma de color negro,
te corona la frente y el cabello,
ya por derecho propio eres emperatriz de paisajes,
protectora de deidades que viven,
dentro de un bosque de colores irreales,
Diana ama y señora, del recitar de la sonrisa,
de unas hadas con ojeras,
martillote de oquedades siderales,
te hacen cadenas a los tobillos.
Te quieren presa del ovillo de las vanidades,
tu Cazadora sublime, con mejor puntería,
que un cupido ya maldito por las gárgolas,
afloras en una de tus miradas,
el arco iris de los penachos,
de las copas de los árboles que hacen
de fortaleza y guardan en la maleza,
a la más bella belleza,
que para sí quisiera cualquiera de las caras
de perla negra, que adornan
el rictus frío de Lucifer.
La noche sorprendió al verso soñando,
de flores hace tocado de rosas,
en medio de un espacio,
lleno de lamentos y muerte,
acallad de una vez las serpientes,
charlatanas a doble lengua,
brujos con sandalias medio desgastadas,
hacen círculos polares,
alrededor de altares de plata.
Que se alza la envidia de un canto,
más besan tres muertos el líquido de una vela,
escancian en la boca la cera,
para hacer de sus alientos letras
templan en laterales de copas celestiales,
el liquido escanciado de sus venas,
por ser de la nada ya son príncipes,
porque el oscuro nombra realezas,
donde el sol derrite coronas púrpuras.
Deja caer el laurel de su boca,
una huesuda paloma de color negro,
te corona la frente y el cabello,
ya por derecho propio eres emperatriz de paisajes,
protectora de deidades que viven,
dentro de un bosque de colores irreales,
Diana ama y señora, del recitar de la sonrisa,
de unas hadas con ojeras,
martillote de oquedades siderales,
te hacen cadenas a los tobillos.
Te quieren presa del ovillo de las vanidades,
tu Cazadora sublime, con mejor puntería,
que un cupido ya maldito por las gárgolas,
afloras en una de tus miradas,
el arco iris de los penachos,
de las copas de los árboles que hacen
de fortaleza y guardan en la maleza,
a la más bella belleza,
que para sí quisiera cualquiera de las caras
de perla negra, que adornan
el rictus frío de Lucifer.
Juanjota.
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