Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XVI.
El páramo revienta en dos,
los muertos son las voces de los salmos,
música de truenos y rayos,
se alzan infinitos altares sin velas,
que en sus blancos mármoles,
esta depositada la copa,
que contiene lo que escancio
un poeta, en una poesía negra.
Retumbantes los corazones sin cuerpo,
se rinden en el instante,
que la trova llega al techo del averno,
y por un instante se paro hasta el infierno,
quiere guardar el espacio
de como te definen en verso y quedarse,
entre los pilares del universo,
por qué la belleza tiene tu nombre,
por qué a otras diosas le han robado,
mil poetas muertos,
el velo de la belleza y se mueren en sus templos.
Capiteles revestidos de tus paisajes,
fuentes, claveles negros, en su base,
columnas que se alzan como tallos de girasoles,
al infinito, buscando los soles, de tus ojos,
te reviste la desnudez, la transparencia
de la seda de la espuma de un lago,
hermosa te paseas, Diana, por tus dominios,
las gárgolas te guardan la frontera,
allí donde el infierno pierde su nombre
y tu Cazadora, guardas el coto
que da nombre a tu venerada existencia.
No hay muerto ni vivo, que escape a tu flecha,
sentencia el aire a tu presa
le abre sitio entre tu mano y su corazón,
rompe latidos cuando dejas a la muerte,
que camine sin detenerse, en uno de tus suspiros,
conjunción vana que deja a la queja fuera,
armas de nuevo el arco y disparas,
lo que destruye a la vida y te quedas,
marcando estelar, en medio del paisaje,
que besa tus pies y venera el roce de tu sombra.
El páramo revienta en dos,
los muertos son las voces de los salmos,
música de truenos y rayos,
se alzan infinitos altares sin velas,
que en sus blancos mármoles,
esta depositada la copa,
que contiene lo que escancio
un poeta, en una poesía negra.
Retumbantes los corazones sin cuerpo,
se rinden en el instante,
que la trova llega al techo del averno,
y por un instante se paro hasta el infierno,
quiere guardar el espacio
de como te definen en verso y quedarse,
entre los pilares del universo,
por qué la belleza tiene tu nombre,
por qué a otras diosas le han robado,
mil poetas muertos,
el velo de la belleza y se mueren en sus templos.
Capiteles revestidos de tus paisajes,
fuentes, claveles negros, en su base,
columnas que se alzan como tallos de girasoles,
al infinito, buscando los soles, de tus ojos,
te reviste la desnudez, la transparencia
de la seda de la espuma de un lago,
hermosa te paseas, Diana, por tus dominios,
las gárgolas te guardan la frontera,
allí donde el infierno pierde su nombre
y tu Cazadora, guardas el coto
que da nombre a tu venerada existencia.
No hay muerto ni vivo, que escape a tu flecha,
sentencia el aire a tu presa
le abre sitio entre tu mano y su corazón,
rompe latidos cuando dejas a la muerte,
que camine sin detenerse, en uno de tus suspiros,
conjunción vana que deja a la queja fuera,
armas de nuevo el arco y disparas,
lo que destruye a la vida y te quedas,
marcando estelar, en medio del paisaje,
que besa tus pies y venera el roce de tu sombra.
Juanjota.