Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XXIV.
Avanza la sombra de la noche,
para tapar el remanso de las flores,
que cubra su manto al color de tus paisajes,
traiga entre sus brazos, al viento y los huracanes
y hagan que se alboroten los mares,
que buscan el remanso de tus ojos,
ya se distinguen las auras de las ánimas,
es la hora en que lo ocupan todo,
se abren las tumbas en concierto de una en una,
queda el incienso, dueño del etéreo,
ya no hay armonía en la belleza,
silenciosa queda la vida, chillona la noche.
Alzando la ligera túnica de los poseídos,
deja ver el blanco de sus huesos,
pululan sin sentido y buscan caminos,
en la bóveda que lo abarca todo,
hasta que el amanecer le exija su retirada,
no hay nada que se escape, ahora, a las sombras,
todo se llena de la voz del trueno
y el replicar, del rabioso rayo,
la tierra se encoje y silenciosa,
guarda en las raíces donde el verso,
te reclama, en los arrullos de los atardeceres.
La pena muerde el sueño que te siente,
de amores de fe, se llenan tus salmos,
prohibiéndolos en este mundo y en otros,
colmillos desgranan las hojas escritas,
ocultan al alba la luz de las estrellas,
apagadas todas ellas, se sienten triunfantes,
sin advertir que una sola de tus flechas,
rompe la respiración y sus aires,
Diana dualidad y misterio,
por qué tanto puedes guardar en tu pecho,
el latir de los amores o los tambores,
que marcan el principio de una guerra.
Ó eres llena de encanto y guarda de corazones,
cantar de los ruiseñores y de girasoles su encanto
ó eres guerrera sin arrepentimiento,
lo mismo haces mil pedazos el infierno,
que traspasas con tu mirada, el espejo,
donde se refleja lo oscuro del averno,
sus paisajes grises y engañosos,
siempre en combate eres victoriosa,
despótica, abrasadora, cruel y sin clemencia,
Cazadora no hace presos, en silencio, mata.
Avanza la sombra de la noche,
para tapar el remanso de las flores,
que cubra su manto al color de tus paisajes,
traiga entre sus brazos, al viento y los huracanes
y hagan que se alboroten los mares,
que buscan el remanso de tus ojos,
ya se distinguen las auras de las ánimas,
es la hora en que lo ocupan todo,
se abren las tumbas en concierto de una en una,
queda el incienso, dueño del etéreo,
ya no hay armonía en la belleza,
silenciosa queda la vida, chillona la noche.
Alzando la ligera túnica de los poseídos,
deja ver el blanco de sus huesos,
pululan sin sentido y buscan caminos,
en la bóveda que lo abarca todo,
hasta que el amanecer le exija su retirada,
no hay nada que se escape, ahora, a las sombras,
todo se llena de la voz del trueno
y el replicar, del rabioso rayo,
la tierra se encoje y silenciosa,
guarda en las raíces donde el verso,
te reclama, en los arrullos de los atardeceres.
La pena muerde el sueño que te siente,
de amores de fe, se llenan tus salmos,
prohibiéndolos en este mundo y en otros,
colmillos desgranan las hojas escritas,
ocultan al alba la luz de las estrellas,
apagadas todas ellas, se sienten triunfantes,
sin advertir que una sola de tus flechas,
rompe la respiración y sus aires,
Diana dualidad y misterio,
por qué tanto puedes guardar en tu pecho,
el latir de los amores o los tambores,
que marcan el principio de una guerra.
Ó eres llena de encanto y guarda de corazones,
cantar de los ruiseñores y de girasoles su encanto
ó eres guerrera sin arrepentimiento,
lo mismo haces mil pedazos el infierno,
que traspasas con tu mirada, el espejo,
donde se refleja lo oscuro del averno,
sus paisajes grises y engañosos,
siempre en combate eres victoriosa,
despótica, abrasadora, cruel y sin clemencia,
Cazadora no hace presos, en silencio, mata.
Juanjota.
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