Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XXVII.
El alma calla y no se doblega
ante la envestida de un mar de sangre,
en los pilares de vida de tu puerto.
Concatena mis penas diablo.
y ruja en oleaje de trueno la venganza,
que se ensalce por ti la muerte, por ella la dicha.
Que de tus desiertos secos sin lengua,
en el cerrar de los ojos le veo, majestuosa,
húmeda tierra con columnas de hiedra.
Lance el alma por penetrarte victoriosa,
para sentir la dicha de tus paisajes,
atrás queda el lancinante de la oscuridad.
La nava germina entre tus montañas,
alrededor de tu ombligo se besan nenúfares
y afuera cae la noche, parpadeando en muerte.
De esa gloria que te libera la boca,
soltando vida en suspiro, del frío humo
de sus calderos se llenan sus bocas muertas.
Tropezando con tu alma Diana, rebotan
los planetas que no hacen universo,
son bolas de fuego que escupe el vacío.
Más como te siente el infinito del estelar,
que ya no puede más y dice que esta completo,
más su centro y fronteras se abren para tenerte.
El tesoro de tu silueta, deslumbra el horizonte
de tus paisajes, en queja que amamanta un lamento
se queda la cueva. Sin olores y con ellos dentro.
Ni te cantan coro de ángeles, ni cuarteto de ruiseñores,
la misma vida, te hace música cuando acaricia el oído,
y sientes y en un suspiro devuelves al espacio una melodía.
Silencios que visten de negro los penachos de sus espacios,
salvaje fue el grito que desgarro al clamarte para si,
se queda sin latir todo el averno, ya ardieron sus liras.
Y tu con tus flechas hechas pinceladas,
que pintan con reflejos de zafiros, arrojas
del firmamento, sus sombras, lo llenas de soles.
Abres con un beso las fuente de los girasoles,
dejas las aguas en remanso, mientras hierve la sangre
en los ríos del submundo, para que el vapor te alcance.
El alma calla y no se doblega
ante la envestida de un mar de sangre,
en los pilares de vida de tu puerto.
Concatena mis penas diablo.
y ruja en oleaje de trueno la venganza,
que se ensalce por ti la muerte, por ella la dicha.
Que de tus desiertos secos sin lengua,
en el cerrar de los ojos le veo, majestuosa,
húmeda tierra con columnas de hiedra.
Lance el alma por penetrarte victoriosa,
para sentir la dicha de tus paisajes,
atrás queda el lancinante de la oscuridad.
La nava germina entre tus montañas,
alrededor de tu ombligo se besan nenúfares
y afuera cae la noche, parpadeando en muerte.
De esa gloria que te libera la boca,
soltando vida en suspiro, del frío humo
de sus calderos se llenan sus bocas muertas.
Tropezando con tu alma Diana, rebotan
los planetas que no hacen universo,
son bolas de fuego que escupe el vacío.
Más como te siente el infinito del estelar,
que ya no puede más y dice que esta completo,
más su centro y fronteras se abren para tenerte.
El tesoro de tu silueta, deslumbra el horizonte
de tus paisajes, en queja que amamanta un lamento
se queda la cueva. Sin olores y con ellos dentro.
Ni te cantan coro de ángeles, ni cuarteto de ruiseñores,
la misma vida, te hace música cuando acaricia el oído,
y sientes y en un suspiro devuelves al espacio una melodía.
Silencios que visten de negro los penachos de sus espacios,
salvaje fue el grito que desgarro al clamarte para si,
se queda sin latir todo el averno, ya ardieron sus liras.
Y tu con tus flechas hechas pinceladas,
que pintan con reflejos de zafiros, arrojas
del firmamento, sus sombras, lo llenas de soles.
Abres con un beso las fuente de los girasoles,
dejas las aguas en remanso, mientras hierve la sangre
en los ríos del submundo, para que el vapor te alcance.
Juanjota.
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