alexander akerman
Poeta recién llegado
Rostros demacrados por un tinte oscuro,
rostros estrellados ante la decepción,
rostros que se mancharon, tristes sin futuro,
rostros que no valen nada, son vana ilusión.
Te observe, en medio de una risa panteonica,
criptas silenciosas, que huelen a muerto,
tu recuerdo imperceptible que me predica;
ya es hora de dejarte ir, mientras despierto.
Te olvidare, y hoy es la última noche que vengo a llorarte,
y en esta noche fría de invierno,
dejo mis labios marchitos de besarte,
enterrados en esta tumba, en medio de un suspiro eterno.
Y me acosté sollozo al lado de tu tumba,
y desperté a tu lado, segado de recuerdos,
me abrazo el frió, en medio de penumbras,
e inicie el viaje, el largo camino hasta lo eterno.
rostros estrellados ante la decepción,
rostros que se mancharon, tristes sin futuro,
rostros que no valen nada, son vana ilusión.
Te observe, en medio de una risa panteonica,
criptas silenciosas, que huelen a muerto,
tu recuerdo imperceptible que me predica;
ya es hora de dejarte ir, mientras despierto.
Te olvidare, y hoy es la última noche que vengo a llorarte,
y en esta noche fría de invierno,
dejo mis labios marchitos de besarte,
enterrados en esta tumba, en medio de un suspiro eterno.
Y me acosté sollozo al lado de tu tumba,
y desperté a tu lado, segado de recuerdos,
me abrazo el frió, en medio de penumbras,
e inicie el viaje, el largo camino hasta lo eterno.