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Paloma Blanca (Inspirado en Palomas blancas y garzas morenas de Rubén Darío)

Último Poeta Maldito

Poeta asiduo al portal
Surgió de mi inocencia
y la musa resplandeció en lumbre…



La noche era bella, propia de romances,
con la pálida luna en su cumbre.
Me vio, serena, cálida, atenta,
mientras inseguro, pávido, en mengua,
le dije lo que sentía,
disparé la tenue saeta,
aquel ardor, los ensueños, ¡Mi amor!,
esa palabra que pesa la lengua.
Un bello gozo debía sentir
hacia el pequeño poeta.
¡Se abalanzaría, intrépida, con un beso!
Uno glorioso, ardiente, embriagador…



Esperé en profundo silencio, ¡Eso!
Más sus cabellos rubios y labios quemantes
se marcharon en desdeño.

…el áureo sol se paseaba en el cielo
y ella en el jardín,
rodeada de albas palomas.
La observé, quedo y enrojecido,

entre un olor a jazmín.
Mis pupilas intrigaban a la bella rosa.
Se acercó a mi escondite, gentil…
¡Oh, pero se mofa cruel!
Me lancé frente a ella, la veía.
Se sorprendió, alejándose con un paso sutil;
a lo cual mi inquieta boca diría:


-¡Te amo…!


Empezó a reír.
Me acerque a su rostro bello, con mi faz.
Los cantos parleros y el ámbar femenil
me desosegaron el sentimiento:
¡Amar a la Paloma Blanca!
A esa de vuelo sutil y lleno de paz.
Sin pensar coherente
le bese la mejilla,
con pasión rutilante y fugaz.
Ella, se marchó enojada,
con furor en el ceño.
Las aves asustadas
se alzaron en vuelos.
Quedé inmóvil y abrumado…
Tornó el desdeño.


Cayó una pluma al suelo
…un pétalo desilusionado.
 
Última edición:
muy original y llamativo, saludos a esa viajera
Surgió de mi inocencia
y la musa resplandeció en lumbre…



La noche era bella, propia de romances,
con la pálida luna en su cumbre.
Me vio, serena, cálida, atenta,
mientras inseguro, pávido, en mengua,
le dije lo que sentía,
disparé la tenue saeta,
aquel ardor, los ensueños, ¡Mi amor!,
esa palabra que pesa la lengua.
Un bello gozo debía sentir
hacia el pequeño poeta.
¡Se abalanzaría, intrépida, con un beso!
Uno glorioso, ardiente, embriagador…



Esperé en profundo silencio, ¡Eso!
Más sus cabellos rubios y labios quemantes
se marcharon en desdeño.

…el áureo sol se paseaba en el cielo
y ella en el jardín,
rodeada de albas palomas.
La observé, quedo y enrojecido,

entre un olor a jazmín.
Mis pupilas intrigaban a la bella rosa.
Se acercó a mi escondite, gentil…
¡Oh, pero se mofa cruel!
Me lancé frente a ella, la veía.
Se sorprendió, alejándose con un paso sutil;
a lo cual mi inquieta boca diría:


-¡Te amo…!


Empezó a reír.
Me acerque a su rostro bello, con mi faz.
Los cantos parleros y el ámbar femenil
me desosegaron el sentimiento:
¡Amar a la Paloma Blanca!
A esa de vuelo sutil y lleno de paz.
Sin pensar coherente
le bese la mejilla,
con pasión rutilante y fugaz.
Ella, se marchó enojada,
con furor en el ceño.
Las aves asustadas
se alzaron en vuelos.
Quedé inmóvil y abrumado…
Tornó el desdeño.


Cayó una pluma al suelo
…un pétalo desilusionado.
 
Brota lo nuevo y la originalidad en este
vanguardista poema, todo un placer leerte
mis ***** a tu genio y un abrazo desde
Toledo -España-
 
jajaja pero si al pobre de darío, por pasarse de vivián, lo forzaron a casarse con la maje esta rosario murillo ! y después nos viene a meter cuentos con lo de garza morena aquí, garza morena allá...

por cierto, don félix se descojonaría vivo con algunas cosillas que se leen por ahí. O se moriría de nuevo, de aburrimiento claro.
 
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