En mi mano tu foto,
En mis ojos el recuerdo.
¡Esa sonrisa tan dulce,
Ese mirar que fue mi tormento!.
Rememoro aquella tarde
Cuando el verano llegaba
Y nos llenaba de planes,
Que luego fueron inciertos.
Tan contenta te mostrabas,
Saltando a orillas del río;
Yo te decía:
¡Cuidado, no te vayas a mojar
Y hacerte un estropicio!”.
Pero tú, mi Paloma,
Sonreías y a tus juegos te volvías.
Sólo eras una niña
Y yo en ti me reflejaba.
Lo bueno que hubo en mí,
Tú sin esfuerzo me lo sacabas.
Nunca me sentí tan libre
Como cuando las cadenas de tus brazos
Mi cuello rodeaban.
Nunca seré tan feliz
Como lo fui en aquella época
Cuando mis manos tomabas,
Mi compañía buscabas
Y llenabas de besos mi cara
En la que ya el crepúsculo asomaba.
Tus ojos eran luceros
Que de la luna huyeron,
Alertas ante una vida,
Que excitante,
La ventana descorría.
No hubo pájaro
Que amigo tuyo no fuese,
Ni criatura por la que miedo sintieses
Porque yo era tu escudo
Y tu hada de la suerte,
Que protegía tu senda,
Esa que el viento escribía cada día
Y al romper la noche,
Tus sueños de princesa
Ante ti se revelaban y exponían.
Eras mi bello tesoro,
Mi perfecta creación.
Aquello de lo que he sentido orgullo,
¡Mi adorada salvación!.
Esa imagen congelada,
Vuelve y vuelve a mi memoria.
¡Cómo no recordarla,
Cómo no sentirla en lo profundo del alma,
Siendo tan breve el momento
En que todo tu ser es sentimiento
Que crees poder parar el tiempo!.
Más la niña creció
Y lo que a su madre unía,
Aquel lazo irrompible,
Se quebró;
Porque aunque la quería,
Las flores de aquel verano
Los años las agostaron
Y la distancia,
Abismo incierto, separó.
En mis ojos el recuerdo.
¡Esa sonrisa tan dulce,
Ese mirar que fue mi tormento!.
Rememoro aquella tarde
Cuando el verano llegaba
Y nos llenaba de planes,
Que luego fueron inciertos.
Tan contenta te mostrabas,
Saltando a orillas del río;
Yo te decía:
¡Cuidado, no te vayas a mojar
Y hacerte un estropicio!”.
Pero tú, mi Paloma,
Sonreías y a tus juegos te volvías.
Sólo eras una niña
Y yo en ti me reflejaba.
Lo bueno que hubo en mí,
Tú sin esfuerzo me lo sacabas.
Nunca me sentí tan libre
Como cuando las cadenas de tus brazos
Mi cuello rodeaban.
Nunca seré tan feliz
Como lo fui en aquella época
Cuando mis manos tomabas,
Mi compañía buscabas
Y llenabas de besos mi cara
En la que ya el crepúsculo asomaba.
Tus ojos eran luceros
Que de la luna huyeron,
Alertas ante una vida,
Que excitante,
La ventana descorría.
No hubo pájaro
Que amigo tuyo no fuese,
Ni criatura por la que miedo sintieses
Porque yo era tu escudo
Y tu hada de la suerte,
Que protegía tu senda,
Esa que el viento escribía cada día
Y al romper la noche,
Tus sueños de princesa
Ante ti se revelaban y exponían.
Eras mi bello tesoro,
Mi perfecta creación.
Aquello de lo que he sentido orgullo,
¡Mi adorada salvación!.
Esa imagen congelada,
Vuelve y vuelve a mi memoria.
¡Cómo no recordarla,
Cómo no sentirla en lo profundo del alma,
Siendo tan breve el momento
En que todo tu ser es sentimiento
Que crees poder parar el tiempo!.
Más la niña creció
Y lo que a su madre unía,
Aquel lazo irrompible,
Se quebró;
Porque aunque la quería,
Las flores de aquel verano
Los años las agostaron
Y la distancia,
Abismo incierto, separó.