Viento tú que acaricias abedules,
la solana estival como testigo,
dispersas mis pensamientos
como hojas secas en otoño.
A los huérfanos de sentimiento,
les susurras melodías de ensueño,
mas escuchan distraídos
los necios de entendimiento.
Meces coloridas libélulas,
petrificadas en el tiempo,
gráciles como mariposas,
nutriéndose de sentimiento.
Entre rocas, llanos y abedules,
río arriba en tardes de canícula,
rozas cañizos murmurantes
doblegando juncos espigados.