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Para los que aún no han nacido

Dikia

Poeta que considera el portal su segunda casa
Para los que aún no han nacido


No sé si estaréis leyendo esto
en una tierra viva
o en un archivo de ruinas codificadas.
Pero os pienso,
os sueño,
os lloro como quien llora a un hijo
que aún no ha llegado
y ya teme que no encuentre casa.

Cada ser que respira tiene su trama,
su curso,
su esperanza.
Y aun así,
nos creímos reyes del derecho
sobre todo lo que late, canta o calla.
Perdón.

Los animales
me recordaban cada día
mi propia suciedad disfrazada,
mi olvido envuelto en plástico,
mi cuerpo expeliendo lo mismo que la Tierra:
residuos que no sabrán desaparecer.
Perdón.

El agua,
eterna viajera,
bajo mis pies escasa,
en vuestras bocas tal vez ausente.
Nos bebimos nuestra historia,
nuestra orina,
nuestro miedo.
Y dimos gracias.
Perdón.

Nos obsesionamos con los faraones modernos,
hombres que no supieron morir solos
y prefirieron arrastrar al mundo consigo.
Armas en lugar de abrazos.
Miedo en lugar de música.
Acero en vez de alma.
Perdón.

Pero también:
os dejo mi amor.
Un amor que saboreó
la danza de los lagartos,
el murmullo de las vacas,
el temblor de las hojas al alba,
las piedras antiguas que callan sabias.
Una belleza real
que la IA no supo replicar
porque no supo llorar.

Si estas letras viven,
es porque aún hay esperanza.
Si llegáis a leerlas,
es porque aún hay memoria.
Si todavía duele,
es porque aún hay alma.

Que vuestro mundo,
si nace,
nazca con más humildad
que el nuestro.
Con menos ego,
y más oído.
Con más raíz,
y menos fuego.

Y si no queda nadie para escuchar este poema,
que al menos el viento lo lleve
a donde aún respire una flor.

Dikia desde el tiempo donde aún cantaban los pájaros
Y la consciencia estaba viva

31/07/2025
©Dikia
 
Para los que aún no han nacido


No sé si estaréis leyendo esto
en una tierra viva
o en un archivo de ruinas codificadas.
Pero os pienso,
os sueño,
os lloro como quien llora a un hijo
que aún no ha llegado
y ya teme que no encuentre casa.

Cada ser que respira tiene su trama,
su curso,
su esperanza.
Y aun así,
nos creímos reyes del derecho
sobre todo lo que late, canta o calla.
Perdón.

Los animales
me recordaban cada día
mi propia suciedad disfrazada,
mi olvido envuelto en plástico,
mi cuerpo expeliendo lo mismo que la Tierra:
residuos que no sabrán desaparecer.
Perdón.

El agua,
eterna viajera,
bajo mis pies escasa,
en vuestras bocas tal vez ausente.
Nos bebimos nuestra historia,
nuestra orina,
nuestro miedo.
Y dimos gracias.
Perdón.

Nos obsesionamos con los faraones modernos,
hombres que no supieron morir solos
y prefirieron arrastrar al mundo consigo.
Armas en lugar de abrazos.
Miedo en lugar de música.
Acero en vez de alma.
Perdón.

Pero también:
os dejo mi amor.
Un amor que saboreó
la danza de los lagartos,
el murmullo de las vacas,
el temblor de las hojas al alba,
las piedras antiguas que callan sabias.
Una belleza real
que la IA no supo replicar
porque no supo llorar.

Si estas letras viven,
es porque aún hay esperanza.
Si llegáis a leerlas,
es porque aún hay memoria.
Si todavía duele,
es porque aún hay alma.

Que vuestro mundo,
si nace,
nazca con más humildad
que el nuestro.
Con menos ego,
y más oído.
Con más raíz,
y menos fuego.

Y si no queda nadie para escuchar este poema,
que al menos el viento lo lleve
a donde aún respire una flor.

Dikia desde el tiempo donde aún cantaban los pájaros
Y la consciencia estaba viva

31/07/2025
©Dikia
El ser humano con la naturaleza y las consecuencias de su comportamiento destructivo.
He llegado aquí para leer su poema, le daré un impulso junto al viento, para que lleve su mensaje a donde aún haya vida.

Sañudos
 
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