¡A los cañones!...
Arriba, en la proa,
se ve el horizonte.
Guardado de niebla
y con el alma en vilo.
Cuando, de repente
sale el sol radiante
entre tanto calor
estando socarron…
Mucho ha de saber
la valentía del pirata
que, deja ver, con amor
su bandera, errada.