Sin condenar mi inexistencia crecí,
con el vertigo del precipicio que todos los ocasos se quemaba en tus manos,
mire la cueva aquella por donde hacía entrada tu bestial rostro
y finalmente me levanté entre la sangre que olía a huerto.
con el vertigo del precipicio que todos los ocasos se quemaba en tus manos,
mire la cueva aquella por donde hacía entrada tu bestial rostro
y finalmente me levanté entre la sangre que olía a huerto.
Sola en las demencias que en el cielo se repetían
frígida con pena asta los movimientos que fueron mas que programados
reconozco que ya no escriben mis manos
y lloro la perdida de mi melancolía
frígida con pena asta los movimientos que fueron mas que programados
reconozco que ya no escriben mis manos
y lloro la perdida de mi melancolía
Hallá donde marcho la música no se encuentra el arte
y una vez mas temo el destino de mis pasos
no existe retórica ni crítica en la perfección
no hay nada en mi cuerpo, ni el perdón siquiera para tu reflejo.
y una vez mas temo el destino de mis pasos
no existe retórica ni crítica en la perfección
no hay nada en mi cuerpo, ni el perdón siquiera para tu reflejo.