cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Si supieras...!
Que mi dolor se marchita
entre frases que se encierran
al compás de silencios muertos
miradas llenas de vergüenza
y ternuras que cuelgan
de cada viga clandestina que es tu vida,
la que se pierde entre risas
que no llegan;
besos que flotan inertes
en las paredes de mi anhelo.
Veo y me duele ver
tu juventud aislada,
tú sombra acariciando los cabellos
peinados día y noche
tras el aburrimiento de tu mirada.
¡Si supieras...!
Que me duele el alma
cada vez que suspiras
entre jirones de cama vieja
al dormir y vivir
sabiendo yo de tu vida
tus años flotando entre vergüenzas
que consume la sábana
la cual emerge de un televisor colgado
y la falacia estadía
de tu soledad ahogada;
la que nadie escucha,
la que se esconde en mis ojos
en los tuyos
en los de la habitación
que es testigo de tu llanto.
¡Si supieras...!
Que la vida se me va
a la par contigo
entre sombras que no vemos
y son el reflejo pautado
de mis tantos soliloquios,
los que guardo
los que asoman mi tristeza
cuando sola te veo
entre paredes que consumen tu juventud
y hacen de tu dicha,
una presa.
(Del libro: Reflejos del alma)
Que mi dolor se marchita
entre frases que se encierran
al compás de silencios muertos
miradas llenas de vergüenza
y ternuras que cuelgan
de cada viga clandestina que es tu vida,
la que se pierde entre risas
que no llegan;
besos que flotan inertes
en las paredes de mi anhelo.
Veo y me duele ver
tu juventud aislada,
tú sombra acariciando los cabellos
peinados día y noche
tras el aburrimiento de tu mirada.
¡Si supieras...!
Que me duele el alma
cada vez que suspiras
entre jirones de cama vieja
al dormir y vivir
sabiendo yo de tu vida
tus años flotando entre vergüenzas
que consume la sábana
la cual emerge de un televisor colgado
y la falacia estadía
de tu soledad ahogada;
la que nadie escucha,
la que se esconde en mis ojos
en los tuyos
en los de la habitación
que es testigo de tu llanto.
¡Si supieras...!
Que la vida se me va
a la par contigo
entre sombras que no vemos
y son el reflejo pautado
de mis tantos soliloquios,
los que guardo
los que asoman mi tristeza
cuando sola te veo
entre paredes que consumen tu juventud
y hacen de tu dicha,
una presa.
(Del libro: Reflejos del alma)