Paraíso Terrenal.

Anibal Rodriguez

Poeta adicto al portal
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La miré por la tarde, meditando,
en un banco del viejo monasterio,
a su rostro, con bello rasgo hesperio,
blanca nube lo estaba circundando.


Observé su figura, que flotando,
se perdía en incógnito hemisferio,
parecía salir de un cautiverio
que a su vida tenía marchitando.


Le pregunto por qué tan abstraída
en los muros musgosos del convento;
y me dice sonriente, y decidida:


Fui novicia y cambié de pensamiento;
por el fuego de amor, con luz prendida,
que ilumina del alma su cimiento.


Autor: Aníbal Rodríguez.
 
Última edición:
La miré por la tarde, meditando,
en un banco del viejo monasterio,
a su rostro, con bello rasgo hesperio,
blanca nube lo estaba circundando.


Observé su figura, que flotando,
se perdía en incógnito hemisferio,
parecía salir de un cautiverio
que a su vida tenía marchitando.


Le pregunto por qué tan abstraída
en los muros musgosos del convento;
y me dice sonriente, y decidida:


Fui novicia y cambié de pensamiento;
por el fuego de amor, con luz prendida,
que ilumina del alma su cimiento.

Valioso trabajo estimado Anibal. Merecedor de aplausos. Drümz.
 
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La miré por la tarde, meditando,
en un banco del viejo monasterio,
a su rostro, con bello rasgo hesperio,
blanca nube lo estaba circundando.


Observé su figura, que flotando,
se perdía en incógnito hemisferio,
parecía salir de un cautiverio
que a su vida tenía marchitando.


Le pregunto por qué tan abstraída
en los muros musgosos del convento;
y me dice sonriente, y decidida:


Fui novicia y cambié de pensamiento;
por el fuego de amor, con luz prendida,
que ilumina del alma su cimiento.


Autor: Aníbal Rodríguez.
Bellos versos que desprenden un mensaje...un gran abrazo
 

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