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Parapeto

Raul Matas Sanchez

Poeta adicto al portal
Detrás de un parapeto hay una esquina redonda,
un vientre renovado pero que guarda una moneda oblonga,
y después, entre visillos, existe la pareja que no para de hacer el amor,
como un baile que no termina,
como un baile que dura toda la noche, que titila con luces de noche,
y encima tiene algunos ribetes de sangre, la de ambos,
esa que chorrea cuando hay tanto sudor en los cuerpos,
incluso los del enemigo.

Existe un parapeto repleto de petos,
y nadie sabe lo que son,
son como luces en torno a todos,
unas que miran como lobos,
como ojos repletos de sangre y nombres,
que van a tomar desayuno con la hiel y la miel de vampiros,
esos que solo los hombres lobo pueden asesinar,
cuando la luna se encarga de brillar,
y nos lleva a otro parapeto,
a un refugio donde guardo todos los días en los cuales lloré,
cuando nadie sabía, y todos reían,
pero no todo era dicha,
también tenían ese algo de nostalgia,
ese anhelo de celos,
cuando se tiene a alguien al lado,
y uno puede darse el lujo de tener celos,
y uno ignora que pueda llevarlos a ellos, a los celos, a dejarlo, solo,
en una penumbra,
detrás de algo oculto,
detrás del parapeto de la vida,
y de la muerte.
 
Detrás de un parapeto hay una esquina redonda,
un vientre renovado pero que guarda una moneda oblonga,
y después, entre visillos, existe la pareja que no para de hacer el amor,
como un baile que no termina,
como un baile que dura toda la noche, que titila con luces de noche,
y encima tiene algunos ribetes de sangre, la de ambos,
esa que chorrea cuando hay tanto sudor en los cuerpos,
incluso los del enemigo.

Existe un parapeto repleto de petos,
y nadie sabe lo que son,
son como luces en torno a todos,
unas que miran como lobos,
como ojos repletos de sangre y nombres,
que van a tomar desayuno con la hiel y la miel de vampiros,
esos que solo los hombres lobo pueden asesinar,
cuando la luna se encarga de brillar,
y nos lleva a otro parapeto,
a un refugio donde guardo todos los días en los cuales lloré,
cuando nadie sabía, y todos reían,
pero no todo era dicha,
también tenían ese algo de nostalgia,
ese anhelo de celos,
cuando se tiene a alguien al lado,
y uno puede darse el lujo de tener celos,
y uno ignora que pueda llevarlos a ellos, a los celos, a dejarlo, solo,
en una penumbra,
detrás de algo oculto,
detrás del parapeto de la vida,
y de la muerte.
Detras de ese parapetoqueda el celo de la esencia, es como vertedero de lluvias que
en el temporal de los sentimientos deja las miradas erradas. me ha gustado mucho.
saludos con afecto de luzyabsenta
 
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