Suave y con sabor a terciopelo es la pálida tez de la tristeza
Y con esbozada delicadeza suspira la alegría
Danzante al calor multicolor del sentir
susurra un lamento con disfraz de ternura
Y en el hondo vacío,
se presenta elegante el carnaval de mayo.
El álbum de los recuerdos lacera con cada página la pálida tez,
mientras aquella mirada tan inquisitiva impone dulzura al paso conjunto de una sonrisa.
Un confundido errante entona el arraigo en un acorde sin fin.
Y esa achocolatada silueta desborda anhelo,
En cuanto un pálpito discordante acelera su paso en el tiempo.
La tarde se torna en noche, y el murmullo en silencio.
Un éxtasis pondera la culminación de la magnífica velada.
Las horas descansan sobre el manto negro.
Se abre la noche con fría lluvia, al compás de unos ojos angustiados.
Sus labios retumban incansables sin misericordias.
Su rostro ya no destella silencio.
Una lúgubre expresión en su mirada ahonda frío en mi corazón.
Y, cómo olvidada fuente, el manantial evoca las primeras lágrimas que
rosan con malicia sus pálidas mejillas, no cesan inclementes a mis súplicas.
Recorro su rostro impaciente al llanto
Mis dedos tocan con inconforme intención sus mejillas, y no cesa
El espesor de sus lamentos aprieta indulgente su regocijo
El silencio ya no dibuja encanto, y la noche ya no cobija el alba
Sin embargo, el amanecer está pronto.
Y se encierra en sus emociones
El incierto que deja en mis labios se hace cada vez más pesado
Mi mente divaga en especulaciones y sólo espero, sólo espero.
Y con esbozada delicadeza suspira la alegría
Danzante al calor multicolor del sentir
susurra un lamento con disfraz de ternura
Y en el hondo vacío,
se presenta elegante el carnaval de mayo.
El álbum de los recuerdos lacera con cada página la pálida tez,
mientras aquella mirada tan inquisitiva impone dulzura al paso conjunto de una sonrisa.
Un confundido errante entona el arraigo en un acorde sin fin.
Y esa achocolatada silueta desborda anhelo,
En cuanto un pálpito discordante acelera su paso en el tiempo.
La tarde se torna en noche, y el murmullo en silencio.
Un éxtasis pondera la culminación de la magnífica velada.
Las horas descansan sobre el manto negro.
Se abre la noche con fría lluvia, al compás de unos ojos angustiados.
Sus labios retumban incansables sin misericordias.
Su rostro ya no destella silencio.
Una lúgubre expresión en su mirada ahonda frío en mi corazón.
Y, cómo olvidada fuente, el manantial evoca las primeras lágrimas que
rosan con malicia sus pálidas mejillas, no cesan inclementes a mis súplicas.
Recorro su rostro impaciente al llanto
Mis dedos tocan con inconforme intención sus mejillas, y no cesa
El espesor de sus lamentos aprieta indulgente su regocijo
El silencio ya no dibuja encanto, y la noche ya no cobija el alba
Sin embargo, el amanecer está pronto.
Y se encierra en sus emociones
El incierto que deja en mis labios se hace cada vez más pesado
Mi mente divaga en especulaciones y sólo espero, sólo espero.
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