Por qué me sigues ternura
que no ves que nada llevo,
sólo el dolor en que muevo
mi muy gustada amargura.
A qué me vienes con sueños
y con pretensiones de risas,
mira mi mundo hecho trizas
arder como arden los leños.
No soy de esos que erigen
colosos hechos de arena,
que luego caen sin pena
cuando los vientos exigen.
No me vengas con tibiezas,
ni con dulces atardeceres;
anda tú con tus quereres
y a mí déjame mis tristezas.
Ya sabes que nací terco
frente a las cosas de amores,
prefiero a los ruiseñores
que cantan fuera del cerco.
Ya mi cabello empieza
a dar muestras de pasado,
esto y mi pecho llagado
son mi única certeza.
No ignoras que sólo sé
amar en noches oscuras,
de ésas que son tan puras
que sólo basta la fe.
Conoces bien el camino
en el que un día perdido,
tú me habías conocido,
¿por qué te hiere mi espino?
Sigue de largo tu ruta
no te distraiga la luz,
ni la vieja y tosca cruz
con que yo marco mi gruta.
En este templo inmolo
mis horas mientras escribo,
¡vete que aún estoy vivo,
vete y déjame solo!
que no ves que nada llevo,
sólo el dolor en que muevo
mi muy gustada amargura.
A qué me vienes con sueños
y con pretensiones de risas,
mira mi mundo hecho trizas
arder como arden los leños.
No soy de esos que erigen
colosos hechos de arena,
que luego caen sin pena
cuando los vientos exigen.
No me vengas con tibiezas,
ni con dulces atardeceres;
anda tú con tus quereres
y a mí déjame mis tristezas.
Ya sabes que nací terco
frente a las cosas de amores,
prefiero a los ruiseñores
que cantan fuera del cerco.
Ya mi cabello empieza
a dar muestras de pasado,
esto y mi pecho llagado
son mi única certeza.
No ignoras que sólo sé
amar en noches oscuras,
de ésas que son tan puras
que sólo basta la fe.
Conoces bien el camino
en el que un día perdido,
tú me habías conocido,
¿por qué te hiere mi espino?
Sigue de largo tu ruta
no te distraiga la luz,
ni la vieja y tosca cruz
con que yo marco mi gruta.
En este templo inmolo
mis horas mientras escribo,
¡vete que aún estoy vivo,
vete y déjame solo!
Última edición: