El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Sabido es,
que a los relojes no le gustan los borrachos.
No señor.
Ni las horas los ven para nada bien.
Eso es así.
Ellas le atrasan el despertador.
Y uno llega a horas insólitas a todas partes.
Tarde.
Demasiado tarde.
Incluso al día en que repartieron los cerebros,
como me decía mi madre.
Que le va a hacer,
uno sale a las corridas a colocarse a tiempo su cadena,
sin ganas, ni afeitar.
Pero llega siempre atrasado,
como es de esperar.
Uno inventa excusas.
Con los ojos abiertos,
increíbles, de cordero.
Pero de tantos males encadenados
termina pareciendo un Cristo sin agente de prensa.
Al que el jefe, pronto le deja de rezar.
(¡Suelten a Barrabás!
¡Suelten a Barrabás!)
Si le digo, maestro,
no me va a creer.
Que las llaves,
que el llavero,
que el tren,
que la barrera,
que la loca de mi compañera.
¡Otra vez fuera de horario!,
¿Qué le paso hoy?
Dejá, no me hagás acordar.
Estuve en un embotellamiento terrible.
Hic.
El Poeta del Asfalto
(2006)
(Salud.
No estuvo mal para ser mi último día ¿no?)
que a los relojes no le gustan los borrachos.
No señor.
Ni las horas los ven para nada bien.
Eso es así.
Ellas le atrasan el despertador.
Y uno llega a horas insólitas a todas partes.
Tarde.
Demasiado tarde.
Incluso al día en que repartieron los cerebros,
como me decía mi madre.
Que le va a hacer,
uno sale a las corridas a colocarse a tiempo su cadena,
sin ganas, ni afeitar.
Pero llega siempre atrasado,
como es de esperar.
Uno inventa excusas.
Con los ojos abiertos,
increíbles, de cordero.
Pero de tantos males encadenados
termina pareciendo un Cristo sin agente de prensa.
Al que el jefe, pronto le deja de rezar.
(¡Suelten a Barrabás!
¡Suelten a Barrabás!)
Si le digo, maestro,
no me va a creer.
Que las llaves,
que el llavero,
que el tren,
que la barrera,
que la loca de mi compañera.
¡Otra vez fuera de horario!,
¿Qué le paso hoy?
Dejá, no me hagás acordar.
Estuve en un embotellamiento terrible.
Hic.
El Poeta del Asfalto
(2006)
(Salud.
No estuvo mal para ser mi último día ¿no?)