Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Camafeo de ónix que narra sin palabras las guerras de vendetta y noches de redención,
bastón de junco, labrado impunemente por los cantos disolutos del látigo castigador,
húmedas y enmudecidas, las paredes sudan hediendo un olor a sangre en descomposición,
Pasillos en penumbra que se internan lentamente a las fauces mismas del infierno pecador.
Tu sangre... Si, tu sangre, la sangre de los tuyos, tu alarido impávido, guerrero frenesí en espera
¡Shhh escucha en silencio los pasos que ahuecan las paredes célibes de la luz purificante!
Enmohece tus garras aruñando las paredes en señal de oprobio herrumbre, sangre, tierra,
el lodo arropa tu carne desnuda, la humedad son las alas que te han sido cortadas, niebla, gota, chaparrón.
Anda tus pasos en medio de esta obscuridad difusa, alza tus manos al viento, y grita.
¡Anda grita! ¡Grita corazón salvaje perdido en la esperanza! ¡Anda grita! ¡Gime! ¡Llora!
Sufre el desgarrar sacrílego de tus cuerdas bucales afrontándose a los vientos
acallados por estas paredes que gruesas se imponen, encerrados en estos pasillos en penumbra.
Anda avante sin pena, ni pudor, vence tus miedos, tu llanto y tu pavor,
come de tus manos la savia de tu cuerpo y roe tus huesos hasta alcanzar dolor,
deja que tu sangre te abandone sin lamento y que tu alma sea arrancada en medio de estupor,
liberate de ti, de tus anhelos, deja que los recuerdos sean arrebatado como presión de vapor.
Anda ven, ven a mí, colma tus pasos hasta que tus plantas no puedan avanzar un paso más,
camina y llega hasta el final que te abraza y te impulsa hasta alcanzar la paz,
observa, mira que la noche ha dejado de estar, mira que la luz emerge y te da tranquilidad,
vive tu engaño, vive tu cielo, mas púdrete en el infierno glorioso de la realidad.
Anda ven a mí, ven a estos pasillos graves donde te habrás de consumir,
sin cielo, ni infiernos, sin Seol, ni mausoleos, sin redención, ni dolor,
solo una eternidad pasiva sin recordar siquiera lo que es sentir,
solo momentos sin fin que avanzan lentamente en una nube dolorosa de sopor,
callados, cautivos, inmerso en ti, libre de mi, muerto infebril
bastón de junco, labrado impunemente por los cantos disolutos del látigo castigador,
húmedas y enmudecidas, las paredes sudan hediendo un olor a sangre en descomposición,
Pasillos en penumbra que se internan lentamente a las fauces mismas del infierno pecador.
Tu sangre... Si, tu sangre, la sangre de los tuyos, tu alarido impávido, guerrero frenesí en espera
¡Shhh escucha en silencio los pasos que ahuecan las paredes célibes de la luz purificante!
Enmohece tus garras aruñando las paredes en señal de oprobio herrumbre, sangre, tierra,
el lodo arropa tu carne desnuda, la humedad son las alas que te han sido cortadas, niebla, gota, chaparrón.
Anda tus pasos en medio de esta obscuridad difusa, alza tus manos al viento, y grita.
¡Anda grita! ¡Grita corazón salvaje perdido en la esperanza! ¡Anda grita! ¡Gime! ¡Llora!
Sufre el desgarrar sacrílego de tus cuerdas bucales afrontándose a los vientos
acallados por estas paredes que gruesas se imponen, encerrados en estos pasillos en penumbra.
Anda avante sin pena, ni pudor, vence tus miedos, tu llanto y tu pavor,
come de tus manos la savia de tu cuerpo y roe tus huesos hasta alcanzar dolor,
deja que tu sangre te abandone sin lamento y que tu alma sea arrancada en medio de estupor,
liberate de ti, de tus anhelos, deja que los recuerdos sean arrebatado como presión de vapor.
Anda ven, ven a mí, colma tus pasos hasta que tus plantas no puedan avanzar un paso más,
camina y llega hasta el final que te abraza y te impulsa hasta alcanzar la paz,
observa, mira que la noche ha dejado de estar, mira que la luz emerge y te da tranquilidad,
vive tu engaño, vive tu cielo, mas púdrete en el infierno glorioso de la realidad.
Anda ven a mí, ven a estos pasillos graves donde te habrás de consumir,
sin cielo, ni infiernos, sin Seol, ni mausoleos, sin redención, ni dolor,
solo una eternidad pasiva sin recordar siquiera lo que es sentir,
solo momentos sin fin que avanzan lentamente en una nube dolorosa de sopor,
callados, cautivos, inmerso en ti, libre de mi, muerto infebril