Darkshade
Poeta adicto al portal
Pasión en el tártaro
(danie & darkshade)
Tú, que naces del mar y de su espuma,
con bella sutileza me embelesas.
Me incautas con tus túnicas traviesas,
me desquicias con tu aura que perfuma.
Tú, que naces del fuego y la batalla,
saturas con tus lanzas mi lujuria;
me pierdo en el abismo de tu furia,
me entrego yo a tus brazos, cual vasalla.
Afrodita, subyugas mis sentidos,
serenas mi respiro con tu aliento,
despojas el dolor y su lamento
con tus mansos elíxires prohibidos.
¡Oh, Ares, epidémico y salvaje!
Te enfundas en mi piel, tenaz guerrero:
esta noche te haré mi prisionero...
Haz tú sobre este cuerpo un largo viaje.
Por ti entraré en disputa con Hefesto,
por la sangre del célebre Aqueronte,
te amaré en el poniente y su horizonte:
¡No me importa el agravio del Incesto!
Deja el miedo al cobarde ya sin gracia,
aquél que en tibia fragua hierro oculta.
Ahora ven a mí, del tiempo exulta
y si entras en terror regresa a Tracia.
Renunciaré a los dones alborozos
del Olimpo por sólo consumirme
en ti; defenderé mi idea firme,
aunque esté en el averno y sus sollozos.
No sé yo de sollozos ni de penas:
monta el cisne, amado, no galopes;
no restes en virtud, y no apocopes
este amor que abarrota nuestras venas.
Tú me hablas de pasión y el sabio Delfos
y su oráculo advierten: sobre el fruto
de la mirra, su Adonis y del luto
del amor disipándose en tus belfos.
Guerrero, abandona al duro sino,
luzcámonos en artes de las pieles;
un Eros falta al mundo de los fieles
para que el sexo nazca cristalino.
Mi hogar es el infierno y me hace rudo,
se amansan mis durezas con tu diana
y sé que pudriré tu vida humana:
¡Todo lo que persigo yo percudo!
¡Deslustra esta mi tez, entonces, Ares!
Conviérteme en la presa de tu averno,
hazte en mí el amante infiel y eterno,
ofúscame hasta el fin con tus pesares.