PASTORAL
Oh, y cómo la vida se desliza sobre la asombrada pradera
cómo la lágrima que te contiene y enjoya
surca pétalos para morir en el coral de tus suspiros
dulce suicidio de mariposa y fuego.
Pisadas sin recurso sobre cielos anublados
gaviotas o crótalos lujuriosos encandilan los atardeceres
mientras las ciudades rencorosas se maquillan y embrutecen con neones
y ríos metálicos conducen los tranvías a su inexorable escondite.
La ciudad y su laberinto desde el que huyó el Minotauro
la ciudad que ensombreció la pradera a la que fui convocado
florecen los ríos sin riberas y se engalanan los juncos
paisaje en el que Watteau pintó sus aquelarres de amor.
Amanecen los espejos y sus resplandores despiertan a los amantes
descienden los heliotropos engañados por su luz tan encriptada
y tu mano enguantada todavía acaricia su fragancia y te reaviva
los placeres de la noche y sus rincones.
Bajo el cielo adasmacado
por el clamor de las nubes
brilla el lago iluminado
donde nadan los querubes.
Oh, y cómo la vida se desliza sobre la asombrada pradera
cómo la lágrima que te contiene y enjoya
surca pétalos para morir en el coral de tus suspiros
dulce suicidio de mariposa y fuego.
Pisadas sin recurso sobre cielos anublados
gaviotas o crótalos lujuriosos encandilan los atardeceres
mientras las ciudades rencorosas se maquillan y embrutecen con neones
y ríos metálicos conducen los tranvías a su inexorable escondite.
La ciudad y su laberinto desde el que huyó el Minotauro
la ciudad que ensombreció la pradera a la que fui convocado
florecen los ríos sin riberas y se engalanan los juncos
paisaje en el que Watteau pintó sus aquelarres de amor.
Amanecen los espejos y sus resplandores despiertan a los amantes
descienden los heliotropos engañados por su luz tan encriptada
y tu mano enguantada todavía acaricia su fragancia y te reaviva
los placeres de la noche y sus rincones.
Bajo el cielo adasmacado
por el clamor de las nubes
brilla el lago iluminado
donde nadan los querubes.
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