carmen viviana
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es un atardecer disfrazado de romàntico.
Marìa piensa que es el mejor momento para hacerse una escapada hasta la casa de
enfrente.
La casa en cuestiòn es lugar prohibido para Marìa, pero como Juan, su hermano mayor, no
anda cerca, decide ir a la aventura.
Se tienta con las manzanas dulces del àrbol que està junto a la cornisa amarilla; le
encanta disfrutar de tantos colores, que no se parecen en nada a los grises de su casa.
El ùnico problema es Tomàs, el vecino, pero parece que hoy brilla por su ausencia.
Marìa trepa la cornisa y trata de alcanzar unas manzanas, con tal mala suerte que se
pega un resbalòn y se raspa la rodilla.
Ahì es cuando el atardecer se quita su disfraz.
Los chillidos de Marìa que està entre que se cae y no se cae, se escuchan a dos cuadras.
Alertado por los gritos, Juan sale corriendo y se dirige directamente a la cornisa. Conoce a
su hermana, y lo que es peor, conoce al vecino.
Cuando llega hasta Marìa y se encuentra con la sonrisa de Tomàs, medio metro màs
abajo, comprende que ese atardecer, no quiso prevenirlo.
No hay tiempo que perder!
Se aferra con sus dos pies al paredòn y sujeta a su hermana con sus manos : A Marìa
malcriada, a Marìa caprichosa, a esta otra Marìa, aterrada, que apretando sus ojitos e
intentando una plegaria, agita en danza sus tacos para escaparle a las garras.
Media hora despuès, Juan, en cuclillas sobre la cornisa, llora recordando unas risas : de
color rojo, como la vida; de color azùl como la aventura de hundirse en su destino sin
oxìgeno para regresar; de color blanco como la esperanza del que se entrega puro a
conquistar su deseo; de color gris como la eterna repeticiòn del mismo dìa; de color
helado de chocolate con almendras, como el ajuar de una novia; de color negro, como los
zapatitos con tacos que apreta contra su pecho.
A la misma hora, Tomàs, està sentado fente a su casa, con cara de satisfecho.
Carlitos , el niño menor de la familia, abre la puerta, da un paso, y al verlo exclama :
- !Mamà!!, y vos que decias que Tomàs es un gato que no sirve para nada!. Mirà!!! -
- Casi piso la cabeza de una laucha que seguro cazò, cuando robaba manzanas - .
Carmen Viviana
Marìa piensa que es el mejor momento para hacerse una escapada hasta la casa de
enfrente.
La casa en cuestiòn es lugar prohibido para Marìa, pero como Juan, su hermano mayor, no
anda cerca, decide ir a la aventura.
Se tienta con las manzanas dulces del àrbol que està junto a la cornisa amarilla; le
encanta disfrutar de tantos colores, que no se parecen en nada a los grises de su casa.
El ùnico problema es Tomàs, el vecino, pero parece que hoy brilla por su ausencia.
Marìa trepa la cornisa y trata de alcanzar unas manzanas, con tal mala suerte que se
pega un resbalòn y se raspa la rodilla.
Ahì es cuando el atardecer se quita su disfraz.
Los chillidos de Marìa que està entre que se cae y no se cae, se escuchan a dos cuadras.
Alertado por los gritos, Juan sale corriendo y se dirige directamente a la cornisa. Conoce a
su hermana, y lo que es peor, conoce al vecino.
Cuando llega hasta Marìa y se encuentra con la sonrisa de Tomàs, medio metro màs
abajo, comprende que ese atardecer, no quiso prevenirlo.
No hay tiempo que perder!
Se aferra con sus dos pies al paredòn y sujeta a su hermana con sus manos : A Marìa
malcriada, a Marìa caprichosa, a esta otra Marìa, aterrada, que apretando sus ojitos e
intentando una plegaria, agita en danza sus tacos para escaparle a las garras.
Media hora despuès, Juan, en cuclillas sobre la cornisa, llora recordando unas risas : de
color rojo, como la vida; de color azùl como la aventura de hundirse en su destino sin
oxìgeno para regresar; de color blanco como la esperanza del que se entrega puro a
conquistar su deseo; de color gris como la eterna repeticiòn del mismo dìa; de color
helado de chocolate con almendras, como el ajuar de una novia; de color negro, como los
zapatitos con tacos que apreta contra su pecho.
A la misma hora, Tomàs, està sentado fente a su casa, con cara de satisfecho.
Carlitos , el niño menor de la familia, abre la puerta, da un paso, y al verlo exclama :
- !Mamà!!, y vos que decias que Tomàs es un gato que no sirve para nada!. Mirà!!! -
- Casi piso la cabeza de una laucha que seguro cazò, cuando robaba manzanas - .
Carmen Viviana