Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fui el pájaro negro, el explosivo confuso,
la piedra sin Pedro, el feriado de junio,
la pena sin pan pero con dolores,
la quijada del asno
que usaba Sansón para los traidores.
El treinta de febrero y el domingo de cenizas,
el mejor besucón que mojó el pliegue de tu sonrisa,
la suela del zapato de los descalzos,
el último trago en el bar, el punto en el diccionario.
Tu media naranja a punto de podrir,
la mascota más fiel, el no de la casa de empeños,
una abeja sin pizca de miel
y el baúl de los excesos.
Tu película B para el domingo en la tarde,
el santo que nunca tuvo una oración,
el actor caído en desgracia pintándose los labios
a dos centímetros de dar un beso de amor.
El libro de herejía que tiene copia en el Vaticano,
el motor de este auto que implora perdón,
Hércules, Venus y el dios ordinario
que cansado ha pedido una siesta
en la suite de la corrupción.
Dos besos en la mejilla que cambio por uno en la boca
el cuadrado torcido, el renglón cuesta abajo,
quítate de en medio que hoy si me apuro nos toca
incendiarnos y olvidar de una vez el trabajo.
Tu esclavo, tu sargento, tu amante furtivo,
dos camarones en lucha de amor,
Caín y el ejército de los que aman pecar de bandidos,
el novio perfecto para morir de pasión.
la piedra sin Pedro, el feriado de junio,
la pena sin pan pero con dolores,
la quijada del asno
que usaba Sansón para los traidores.
El treinta de febrero y el domingo de cenizas,
el mejor besucón que mojó el pliegue de tu sonrisa,
la suela del zapato de los descalzos,
el último trago en el bar, el punto en el diccionario.
Tu media naranja a punto de podrir,
la mascota más fiel, el no de la casa de empeños,
una abeja sin pizca de miel
y el baúl de los excesos.
Tu película B para el domingo en la tarde,
el santo que nunca tuvo una oración,
el actor caído en desgracia pintándose los labios
a dos centímetros de dar un beso de amor.
El libro de herejía que tiene copia en el Vaticano,
el motor de este auto que implora perdón,
Hércules, Venus y el dios ordinario
que cansado ha pedido una siesta
en la suite de la corrupción.
Dos besos en la mejilla que cambio por uno en la boca
el cuadrado torcido, el renglón cuesta abajo,
quítate de en medio que hoy si me apuro nos toca
incendiarnos y olvidar de una vez el trabajo.
Tu esclavo, tu sargento, tu amante furtivo,
dos camarones en lucha de amor,
Caín y el ejército de los que aman pecar de bandidos,
el novio perfecto para morir de pasión.